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sábado, 25 de julio de 2020

Cuento para padres

Ninguna nube se proponía nacer. Todas las nubes nacían simplemente porque sí. Un día, el sol evaporaba el agua de algún mar o de un lejano océano y las minúsculas gotas ascendían y se iban uniendo a mil o dos mil o tres mil o más metros de altura. Allá arriba, en el cielo.

Pero si las nubes no tenían nada que decir en su nacimiento, lo que más le fastidiaba a aquella nube era que durante el resto de su vida, tampoco la dejaban tomar decisiones.

Era la temperatura y, sobre todo, el viento quien decidía por ella.

A veces, divisaba un bello paisaje, pero el viento de poniente o de levante, del norte o del sur, la arrastraba lejos.

Sentía tanta impotencia que, a veces, lloraba aunque los que estaban debajo creían que estaba lloviendo.

Un día, nublado, la nube ya no lo aguantó más. Pensó en convertirse totalmente en lluvia o, mejor, en granizo, pero ni eso era decisión suya.

Entonces, aprovechando que el viento de la mañana le había arrastrado hasta la costa, se fijó en un grácil velero que navegaba casi en contra del viento. ¿Cómo lo haría? Y en ese instante, las velas del navío cambiaros de posición y el barco cambió el rumbo.

La nube sonrió y dejó pasar un rayo de sol.

Fue moviendo sus gotas hasta cambiar de forma.

Probó una y otra hasta que, en uno de los cambios, notó que se alejaba del resto de las nubes.

Durante semanas practicó una y otra forma, aprendiendo a dominar el viento y hacer lo que quería con él.

Ahora se desviaba y visitaba un prado o rozaba una montaña.

Las demás nubes la miraban con sorpresa o, incluso, con disgusto. “¿Dónde va esa loca?”- le gritaban las más cabreadas. Pero a nuestra nube, todo eso le daba igual. Ahora era libre.

Un día la nube calculó mal y se acercó demasiado a una corriente fría de aire que provenía del norte. Se dio cuenta que perdía volumen y que iba disolviéndose, cayendo en forma de chaparrón sobre la ladera de la montaña. No tardó mucho en desaparecer, pero corre la leyenda entre las nubes que en los últimos instantes, la nube exhibía una fantástica SONRISA.

lunes, 2 de julio de 2018

Comunicación afectiva en emergencias.

Os dejo aquí un vídeo que muestra la necesidad y la eficacia de formar a los intervinientes en emergencias y catástrofes en técnicas de comunicación afectiva.
https://www.youtube.com/watch?v=_Gmn2o3pht4

jueves, 3 de mayo de 2018

ROMPIENDO UNA LANZA POR LA PROFESIONALIDAD DE LOS PSICÓLOGOS QUE REALIZAN LAS SELECCIONES DE PERSONAL PARA PLAZAS PÚBLICAS.


ROMPIENDO UNA LANZA POR LA PROFESIONALIDAD DE LOS PSICÓLOGOS QUE REALIZAN LAS SELECCIONES DE PERSONAL PARA PLAZAS PÚBLICAS.
Todos los años, en todas las oposiciones, pasa lo mismo. Si te descartan en el reconocimiento médico, la prueba de conocimiento general, el dictado, el examen sobre la Constitución, te deprimes y lo aceptas.
Pero si es en el “psicólogo” (psicotécnicos y perfiles de personalidad + entrevista). Eso ya es otra cosa… ¿Qué sabrán estos psicólogos si los primeros que están locos son ellos?… ahí sólo las pasan los enchufados.
No se pone en duda la profesionalidad de otros profesionales, y NO DEJA de ponerse en duda la de los psicólogos.
Voy a intentar aclarar algunas dudas/críticas.
1.       Partamos de que cómo en el resto de los procesos no descarto una mano negra al 100 por 100, pero lo normal y lo profesional es que las pruebas psicológicas sean tanto o más objetivas que el resto, ya que son prueban estandarizas que cuentas con estudios de fiabilidad y de validez que las avalan. Otra cosa es que a nadie le guste ver sus defectos y menos después de invertir tanto tiempo y dinero en prepararse el futuro o que la presión del examen, los nervios, la falta de sueño… puedan hacer mella en como entiendo las instrucciones o contesto la prueba (como en la de conocimientos, las físicas…).
2.       Sobre las pruebas tanto de inteligencia (aptitudes) como de personalidad en las evaluaciones de los psicólogos de melilla no las corrigen el/la psicolog@ “presencial, es decir, el que está presente en la prueba, sino que las hojas mecanizadas se mandan a una empresa de edición de las pruebas y las corrige “una máquina”. Todo ello con hojas en las que aparece un número, nunca nombres y apellidos de los candidatos para darle la mayor transparencia.
3.       El perfil que se busca y los cortes de puntuación se eligen a priori por los psicólogos y son aprobados por el tribunal, normalmente cortes de normalidad (no superiores por ser bomberos, policías…) y que ya vienen determinados por la propia prueba. El psicólogo sólo se limita a comparar ese perfil exigido con el de los candidatos y, en caso de que no aparezcan candidatos “idóneo” aconseja al tribunal dónde ser más flexibles.
4.       Las pruebas de personalidad NO SE PUEDEN NI SE DEBEN PREPARAR.
5.       Las pruebas psicológicas están estandarizadas con estudios nacionales/internacionales en los que se ha probado su fiabilidad y validez. Si uno no obtiene el perfil que cree que es el suyo es porque no se conoce bien (no reconoce sus características) o porque se ha equivocado al contestar o porque le han aconsejado que conteste con el “A veces” o porque ha contestado pensando en lo que creen que se busca en vez de lo que les refleja personalmente, sacando resultados catalogados por los manuales como “distorsionados” y poco “sinceros” invalidando los resultados obtenidos.
6.       Si vas a “prepararte” en una academia, elije bien. Hay academias en las que te prepara una persona que no está cualificada. Por ejemplo, te aconsejan que contestes con el “A veces”, lo que supone que tu perfil es “ni chicha, ni limoná” y en estas pruebas se buscas perfiles o chichas o limoná. Luego buscamos confabulaciones o conspiraciones entre los psicólogos y la academia que prepara mejor a su gente (y cuando digo preparar, me refiero a aconsejar). Mira por donde, cuando una academia tiene mucho éxito preparando otras pruebas, nadie piensa que está “conpinchada” con el tribunal.
7.       Seguimos con las academias y las conspiraciones. Otra queja es sobre la casualidad de que las pruebas psicológicas de las oposiciones coinciden con las empleadas en cierta academia (un año es una, el otro, otra). Pues si, es verdad… y lógico. Vuelvo a decir que las pruebas son estandarizadas, están en el mercado, no pueden usarse ninguna que no lo esté (sería motivo para reclamar) y, por tanto, un profesional que se haya leído las bases puede deducir que pruebas (más o menos) pueden utilizarse. Pero… también es ilegal que estas pruebas se usen para “preparar” siendo estandarizadas. Mucho más si la academia que las usa las tiene fotocopiadas o las usa un profesional que no está cualificado para hacerlo.
8.       Igualmente, al no conocerse qué perfil (competencias o rasgos de personalidad) se buscan, no puede prepararse. Además, cómo hacemos para memorizar la respuesta “correcta” de unas 200 preguntas (si, a veces, nunca/no). Vuelvo a decir, no pueden prepararse. SÉ SINCERO Y PUNTO.
9.       Puntos débiles de esta prueba es la elección del perfil y el momento de pasarlas. Respecto a la elección del perfil, hoy en día se han descartado los rasgos de personalidad (salvo para eliminar trastornos) utilizándose competencias que no son elegidas por “sabios”, sino por los propios empleados y sus jefes (que son los que más saben sobre las habilidades que requiere el puesto). Pero los psicólogos se ven obligados a utilizar el sistema de evaluación que dictan las bases, que son cuestionarios siempre, acompañados de entrevista. Sobre el segundo aspecto, el momento de pasarla, yo aconsejaría que fuesen las primeras: mientras que uno puede prepararse mejor las aptitudes físicas o estudiar más las leyes, los rasgos de personalidad o las aptitudes/competencias, son difíciles de modificar (requieren más tiempo) y si nos referimos al padecimiento de trastornos (depresiones, psicosis, …), más aún. Por muy preparado que uno esté físicamente o que se sepa los contenidos teóricos, si uno es un pirómano, nunca debe ser bombero y si uno es depresivo, no debe ser policía.
10.   El anterior tema enlaza con el siguiente. El tema de “a mi me suspendieron la vez pasada porque me dijeron que no cumplía el perfil y ésta he pasado, ¿cómo puede ser?” Pues fácil, porque Ud. ha cambiado y ahora tiene los factores que se buscan en el perfil. Desde la anterior convocatoria es posible que en su vida hayan ocurrido acontecimientos que le ha hecho cambiar (ahora se piensa más las cosas o tiene más confianza con las personas…). También puede ser que la forma de contestar (o los consejos que le dieron de cómo hacerlo) sean distintos.
Para finalizar. Si Ud. sigue pensando/creyendo que no pasa las pruebas porque hay una conspiración para que así ocurra y no se plantea que, quizás, se deba a Ud., es muy probable que nunca llegue a aprobar y se amargue la vida.


jueves, 1 de febrero de 2018

Comunicación en emergencias. Durante el rescate.

2ª entrega de la serie formativa sobre comunicación en emergencias y catástrofes. En esta nos centramos en la comunicación durante el rescate de personas afectadas.







martes, 28 de noviembre de 2017

Tema de debate para psicólogos emergencistas

Acaban de cumplirse 20 años de la rotura del depósito de agua de Melilla. Por tanto, acaban de cumplirse 20 años de mi primer contacto con este campo tan interesante como es la psicología en catástrofes.
Desde entonces hemos avanzado mucho aunque quedan temas en los que no terminamos de ponernos de acuerdo, lo que no es ni bueno, ni malo. Por tanto, esta introducción debe tomarse como lo que es, una opinión propia muy discutible. Pero también debe tomarse como una opinión basada en 20 años de ensayo-error, de intercambio de información, de intervenciones y posteriores reflexiones, de puesta en común con otros psicólogos de emergencias y con otros profesionales, con la opinión de afectados, con la consulta de trabajos científicos y de ensayos sobre experiencias.

La psicología de emergencias No es psicología clínica.
Muchos psicólogos que están en emergencias provienen o compaginan su labor con la práctica clínica. Si bien la consulta es una experiencia de suma utilidad para realizar el apoyo psicológico con afectados por una emergencia o catástrofe  o familiares de los mismos, cuando se trabaja en emergencias se debe comprender que la intervención no es la misma. El psicólogo de emergencias hará una “terapia” (lo llamo así para que nos entendamos) individual, pero también trabajará a nivel grupal (por eso, en determinadas ocasiones, como es la recepción de familiares, aunque uno le hable a un afectado en concreto, el tono de voz que usa es suficientemente alto para que lo escuche el resto). Por otro lado, no se puede “aplazar” casi nunca nuestra intervención, ni prepararla para otras sesiones. No se realiza en un lugar cómodo y seguro. Debe saber “lidiar” con la prensa, debe preocuparse por la prevención, debe conocer la psicología social de las masas, el comportamiento en las evacuaciones, las conductas presumibles en las fases de shock y de reacción. Debe acostumbrarse a trabajar codo con codo con sanitarios, bomberos, miembros de los cuerpos de seguridad del Estado…
Derivado de esta diferenciación, surge el debate de si los psicólogos de emergencias deben o pueden realizar su labor en la zona cero. El debate es intenso y las dos partes u opiniones tienen razón. Yo me decanto por pensar que, si bien los Planes de Emergencias o nuestros propios protocolos no lo contemplan, debemos estar preparados para intervenir, de la mano o a petición de otros profesionales, en la zona cero. Y expongo mis razones:
  1. -         Nuestra preparación debe dirigirse a situaciones desde emergencias muy individuales (accidente de coche, suicidio, muerte de un menor…) hasta grandes catástrofes. En estas últimas circunstancias (pongamos por ejemplo un gran terremoto) la zona cero será muy extensa, prácticamente toda la zona, ampliándose de forma imprevisibles a lo largo del tiempo que dure nuestra labor (nuevos y sucesivos temblores, réplicas, caídas de edificios, incendios posteriores…). Ello hará que el psicólogo se encuentre o le alcance la zona cero de forma inesperada durante su trabajo (p. ej.  Mientras realiza el apoyo psicológico a afectados o familiares, en la sala habilitada para ello, se produce una réplica del temblor y parte del edifico se viene abajo quedando dentro los psicólogos con personas que están heridas y psicológicamente muy alteradas). Sin llegar a esto, un interviniente del ejército español desplazado a Estambúl en el último de sus seísmos me contaba que en el PMA y Hospital de Campaña que habían montado, trabajaban con el olor constante de los cadáveres que aún permanecían sepultados en los edificios colindantes.
  2. -         Ojalá los profesionales que intervienen en una catástrofes demandaran nuestra actuación junto a ellos en la zona cero. Esto sería bueno por dos razones, una porque significaría que nos hemos ganado su respeto como profesionales que podemos y sabemos ayudar. Dos porque ampliaría nuestro ámbito de trabajo (muchas veces no nos avisan porque nuestro ámbito de intervención es limitado… y desconocido, por no decir, poco valorado).
  3. -         “Entró con los familiares a reconocer el cadáver y se desmayó”. Como en todas las profesiones, no todos los técnicos “sirven” para todas las labores (por vocación, preferencias o capacidad). En nuestro campo, no todos los psicólogos pueden dedicarse a las emergencias. A parte de la anécdota (cierta) de este epígrafe, trabajar bajo presión, de forma inmediata, en un entorno con numerosos estímulos aversivos/peligrosos frente a un sufrimiento reciente intenso y generalizado, no está al alcance de todos. Formarnos para trabajar en zona cero, mejora nuestra percepción de autoeficacia y autoconocimiento sobre nuestras reacciones, nuestras capacidades, nuestras competencias, lo que redundará en la capacidad para transmitir esta confianza en las personas a las que debemos ayudar.

Para terminar este epígrafe me voy a permitir copiar un comentario colgado en el facebook hecho por una colega (Mª Jesús Rodríguez) tras su participación en un simulacro:
“Como Psicóloga de Emergencias, he podido sentir de nuevo lo que es trabajar en la zona 0. Esa para la que nunca se está totalmente preparado ni formado. Esa donde todos tus conocimientos y experiencias deben fluir y dinamizarse con los del resto de intervinientes. Esa donde no importa el uniforme que lleves, si no que, lo que realmente impera es la situación de crisis y sus fases. Esa en la que nada está aún controlado. En la que primero manda el rescate y la puesta a salvo y luego el tratamiento. Porque como psicólogos, debemos saber que no siempre se atiende a las víctimas cuando ya han sido socorridas, o a los familiares de éstas. Si no que, en ocasiones, esta intervención que necesitan es DURANTE el rescate. El emergencista debe estar lo suficientemente preparado para saber actuar en cada una de las fases, sea del equipo que sea, y llegue en el momento que llegue.”

Intervención psicológica avanzada, primeros auxilios psicológicos versus habilidades de comunicación en emergencias.
Otro foco de discusión ha sido (y sigue siendo) a nivel conceptual y epistemológico lo que es nuestra intervención y la que es de otros profesionales. Si bien a nivel conceptual hemos solucionado el problema: nosotros nos encargamos de la  Intervención Psicológica Avanzada (IPA) o Primeros Auxilios Psicológicos (PAP), mientras que los demás profesionales deben limitarse a realizar una comunicación efectiva emocional con los afectados (un bombero no puede permanecer mudo, un médico debe tener la capacidad para comunicar una mala noticia). Sin embargo, lo que engloba y los límites de cada concepto siguen sin estar claro, al menos, para parte de los intervinientes. Por otro lado, esta limitación presenta una incongruencia con la idea de que los psicólogos no actuamos en zona cero. De ser así y,  a la vez, teniendo en cuenta que los profesionales, que si trabajan en esta zona,  no deben realizar un apoyo psicológico (PAP), ¿qué ocurre si durante un rescate aparecen síntomas de inestabilidad psicológica que precisa de una IPA?
Por otro lado, la limitación no sólo conceptual, sino operativa se hace necesaria para establecer los contenidos que pueden ofrecerse en la formación en la que participamos para los distintos colectivos.

Nuestro plazo de actuación.
Un tercer tema de debate es hasta qué momento, posterior a la emergencia debemos seguir actuando. Aunque el GIPEC tiene como marco de actuación la fase de impacto y postimpacto inmediato, en ocasiones, en esa inmediatez los afectados están menos o nada receptivos a aceptar nuestra ayuda y es en una fase de postimpacto tardío cuando pueden y quieren aceptar nuestra ayuda, más aún si ya en la fase inmediata a la emergencia hemos creado una relación de confianza con el/los afactados. Se puede argumentar que en esa fase (fase de reacción o de vuelta a la normalidad) son los psicólogos clínicos los que deben intervenir, pero ante esto hay varios argumentos en contra. El primero es que es al psicólogo de emergencias que ha estado en los primeros momentos haciéndose significativo a los que acuden. Si la respuesta que reciben es que en esos momentos ya no pueden ayudarles y que deben acudir a otro profesional, puede producirse una pérdida de confianza hacia la figura del psicólogo en general muy acusada. Por otro lado, para conocer y tratar los síntomas asociados a la catástrofe, es el psicólogo emergencista el que está más preparado y por último, mandar al psicólogo clínico a una persona psicológicamente estable y sana que precisa de asesoramiento ante una situación anormal y un proceso de duelo, es psicopatologizar al sujeto.
Los temas que los psicólogos de emergencias tienen a debate son mucho más numerosos y, no dudo, que más importantes. Sirvan estos expuestos como ejemplos y para que se establezca una primera concienciación de que debemos sentarnos a debatir y a acordar una base mínima para no perder el tiempo en temas baladíes.
Melilla, 28 de noviembre de 2017.


miércoles, 3 de mayo de 2017

Estimado hijo: Últimas pinceladas.

Hace años que editamos el libro "Estimado hijo: lo he hecho lo mejor que sabido". Pero los libros evolucionan, crecen, siempre están inacabados. Por eso, de vez en cuando, subo una nueva carta a este blog. 

Estimado hijo:
A estas alturas ya no creí que volviera a escribirte una carta para comunicarme conmigo.
De todas formas, ésta no es una carta como las que te escribía cuando eras un adolescente, cartas llenas de miedo, frutos de la incomunicación.
Ésta es una carta similar a las últimas pinceladas que se le da a un cuadro casi acabado, como los últimos golpes del martillo sobre el cincel que modela una escultura terminada.
Hoy te escribo para hacerte comprender que, lejos de lo que opinas, yo me siento muy orgulloso de ti, de saber que, aunque te opones a todo consejo y reniegas de toda propuesta, luego, a la hora de la verdad, eres un trabajador incansable. Que cuando te pones a trabajar, me recuerdas a tu abuelo: nunca se preocupaba por la hora de terminar, sino por terminar un buen trabajo.
Lejos de lo que crees, se que, a pesar de lo difícil que tenéis los jóvenes el futuro, no te aminoras, ni te refugias en un “NI-NI”, no te asusta el trabajo duro manual, ni el creativo (aunque luego seas un radical que criticas esos mismos trabajos).
Pero no debes olvidar que soy tu padre y que mi misión no es (solamente) darte palmaditas, sino empujarte, exigirte.
Lo que quiero que entiendas es que si bien es bueno luchar por realizar los sueños, casi siempre, hay que aceptar realidades menos ideales para poder alcanzarlos.
¿Sabes por qué Moisés abrió las aguas del Mar Rojo ante el asombro de los demás hebreos?, porque antes había pasado muchos años junto a ese mar (a diferencia del resto), observándolo y sabía que, bajo ciertas condiciones las aguas de ese mar bajaban (pleamar) y dejaban una zona del fondo a la vista.
¿Qué por qué te cuento esto? Para que entiendas que cuando te doy un consejo, lo hago porque yo ya he estado allí y sé cómo es el camino y, aunque el mundo haya cambiado mucho y ya no sea, como dices, como en mis tiempos, en lo esencial, es igual.
No me importa, no me preocupas, que ahora te opongas a todas mis opiniones, ni a la de casi todo el mundo. Es tu papel, cuestionarlo todo, oponerte, ser utópico, casi revolucionario. Ya llegará el tiempo de la calma, del status quo, de comprender que no todo cambio es bueno, que además del tuyo, hay otros puntos de vistas que también tienen razón (incluso el de tu padre).
Por ahí circula un proverbio que reza: “Cuando un hombre reconoce que su padre tenía razón, ya tiene un hijo que piensa que su padre está equivocado”. Así que debes saber que estás condenado a echar la mirada atrás y darte cuenta que, cuando te corregía, lo hacía por el amor que te tengo.

Tu padre. 

lunes, 3 de abril de 2017

Campaña de sensibilización para autoprotección ante un terremoto

Durante la última semana de marzo salimos a la calle a sensibilizar a la gente sobre sus conocimientos sobre su reacción ante un terremoto. Se le hacen preguntas y se les entrega un informe con recomendaciones.





jueves, 13 de octubre de 2016

Abrazos ausentes.

Abrazos ausentes.
En los últimos meses de mi padre me acostumbré a abrazarlo. No es que antes no lo hiciera, pero eso era más de madre e hijo.
En los últimos meses, cuando la enfermedad lo había convertido casi en un niño pequeño y nuestra ayuda se hacía necesaria para muchas tareas, yo salpicaba esas rutinas con abrazos, “achuchones” como los llamaba él, no porque mi padre los necesitara, sino porque me hacían bien a mi. Luego me iba a la menguante figura de mi madre y también la abrazara entre bromas, como si se tratara más de dos hijos celosos que de mis padres.
Hace tres años, entre septiembre y octubre dejé de abrazarlos, se me fueron, se nos fueron como habían querido, casi juntos.
Los primeros meses tras su ausencia, solía despertarme de algún sueño en los que volvían a estar conmigo y en el que me precipitaba a abrazarlos.
Mi madre se adelantó en el viaje, mi padre se marchó un trece de octubre, no quiso “partir” antes, sin dejar pasar su último Día del Pilar (“El único día que para tu abuelo era intocable” nos contaba refiriéndose de su padre el maño).
Mi madre se marchó como había sido, con una sonrisa en los labios, gastando bromas al personal del hospital, se apagó rápidamente, en la soledad de la UCI, un piso más arriba de la habitación que ocupaba mi padre. Se fue sin avisar, sin darme la oportunidad de un último abrazo (que también hubiese sido insuficiente).
Mi padre se apagó poco a poco, con todos sus seres queridos presentes cuando ya no fue más que un cuerpo al que todos abrazamos y al que todos susurramos despedidas al oído.
Ya no hay abrazos, su ausencia (insoportable) lo impide. Ya no habrá abrazos, ni posibilidad. Con suerte alguna noche volverán a visitarme en sueños y me permitiré consolarme con abrazos oníricos, irreales.
Por ello, desde el desconsuelo, os aconsejaría que no dejarais pasar ningún abrazo mientras podáis, luego sólo serán oportunidades perdidas.

jueves, 10 de diciembre de 2015

Sacando el espartano que llevamos dentro o no dejando de perseguir nuestros sueños.

Tengo 52 años y hace unos días participé (y terminé) una Spartan Race Super en Paterna.
Cuando comentaba que me había inscrito en esta prueba, muchos me tachaban de loco exclamando que cómo se me ocurría.
Cuando terminé la carrera (con sus obstáculos), afirmé que el año próximo volvería a hacerlo y volvieron a echarse las manos a la cabeza.
Es cierto, la prueba fue mucho, mucho más dura de lo que me había imaginado, pero en eso consistía, en resistir, en vencerME.
Cuando uno pasa los 50 no sufre una crisis (y se busca una jovencita con la esperanza de ponerse unos vaqueros y volver a la treintena. ¡pobre del que lo haga!), sino que se hace consciente de la cantidad de sueños que ha ido dejando para “más adelante” y que ya no podrá cumplir. Por eso, bastantes limitaciones físicas nos imponen los años como para sumarle las sociales (el qué dirán, los desánimos…) y las mentales (las propias, las peores).
Los años me han enseñado que la vida es un pasillo lleno de puertas que, si no las abres en su momento, nunca tendrás oportunidad de hacerlo después.
En 2009, mientras practicaba pesca submarina, una moto de agua me “atropello” (si, has escuchado bien): Un brazo roto, dos placas, dos operaciones, una rehabilitación larga y dolorosa y cierta limitación y dolores para siempre. Todo ello me enseñó que no se pueden dejar las cosas para mañana, no porque puedas hacerlas hoy, sino porque no sabes si podrás hacerlas mañana.
Esos que desaniman no entienden que marcarse un reto es una forma de estirar un poco la vida, de levantarse con ánimos, de esforzarse. No entienden que la alternativa es languidecer, dejar pasar el tiempo, ese que no perdona. No entienden que lo de menos es alcanzar el reto, que lo importante es lo que hacemos para superarlo.
Entre 5500 personas que participaron en la Spartan, no llegaban a 40 los que estábamos en la categoría M50-54 y poco más de 10 participaron en la Super (13 kilómetros y 20-30 obstáculos). Terminarla fue un objetivo, pero, como dijo Herman Hess, ”toda meta alcanzada ya no es una meta”, aunque puede convertirse en un punto de salida.
Es hora de buscar otra meta y comenzar el “viaje”, eso es lo maravilloso de plantearse retos: prepararlos, estudiarlos, ilusionarse con ellos, aunque finalmente la vida no te deje cumplirlos.
En mayo participaré en la Spartan de Madrid y después… ya veremos.


miércoles, 28 de agosto de 2013

Gestión e intervención psicológica en emergencias y catástrofes

Un libro basado en la práctica profesional nunca puede darse por acabado. Eso es lo que ocurre con este manual que comenzó siendo unos breves apuntes allá por 1997 y ha pasado por varias ampliaciones. Finalmente, eran tantos los temas, experiencias y contenidos nuevos que se hizo necesario reorganizarlo y crear una nueva obra.
El autor presente que todo profesional que forma parte de los distintos equipos humanos que intervienen en el campo de las emergencias / catástrofes (Incidentes con Múltiples Víctimas) encuentren en esta obra unas recomendaciones que guíen y faciliten su labor.
La organización del manual es, en lo posible, temporal, comenzando por aspectos para aplicar antes de que ocurran las emergencias, pasando a las actuaciones necesarias o posibles justo después de ocurrido el evento y finalizando con funciones a realizar a largo plazo. La obra no se limita a la intervención individual, sino que abarca los aspectos relacionados con la gestión y la organización de los equipos y organizaciones intervinientes conteniendo un apartado especial sobre el apoyo psicológico a los propios intervinientes.


Se tratan temas como la comunicación durante el rescate, el apoyo a familiares supervivientes, la actuación frente a posibles suicidios, la gestión de la comunicación a la población, la evacuación de lugares públicos, los trastornos psicológicos que suelen vincularse a la experiencia traumática... Todo desde una perspectiva práctica, sin usar más contenido que el preciso y salpicando de noticias aparecidas en prensa y experiencias propias que ilustran  y justifican las recomendaciones propuestas.
SI HABÉIS LEÍDO EL LIBRO, ME GUSTARÍA QUE ME COMENTASEIS QUÉ OS HA PARECIDO Y EN QUÉ PUEDE MEJORAR O SI LE FALTA ALGO. GRACIAS.

martes, 27 de agosto de 2013

Estimado hijo: la herencia que te dejo

HERENCIA
Estimado hijo:
Con las letras que siguen voy a intentar aclararte algunos porqués que sueles hacerte sobre las exigencias y las negativas que te hago en nuestro día a día.
Los padres vivimos con el miedo de que nuestros hijos no lleguen a ser lo que nosotros quisimos ser. Intentamos vivir en nuestros hijos nuestros sueños, nuestras ocasiones perdidas. Por ello, casi siempre, elaboramos una hoja de ruta que nos de seguridad.
Quizás lo primero que debo decirte es que todos nuestros motivos de discusión se deben a la “herencia” que quiero dejarte y que, a su vez, a mi me dejaron mis padres.
Para empezar te daré unos consejos que yo intento aplicar a mi vida y que creo son la mejor herencia, el mejor capital, que puedo dejarte. En cierta ocasión leí que no debíamos preocuparnos tanto por el mundo que dejábamos a nuestros hijos, sino por los hijos que dejábamos a este mundo[1].
Si en algo me gustaría que me hicieras caso en que seas fiel a tus valores, sean cuales sean.  Tener ideales es fácil, vivir conforme a ellos es lo difícil. Si logras acercarte a esta máxima tu vida habrá valido la pena, aunque, como le ocurrió a Voltaire, estará llena de problemas.
Te he dicho, para empezar, que la herencia que te dejo es la que me dejaron a mí mis padres. Te explicaré en que consistió ésta que, como sabes, no se basó en lo pecuniario. Lo primero fue el ejemplo. Mi madre siempre estuvo junto a la cabecera de la cama cuando estábamos enfermos, sin desfallecer, sin quejarse, en silencio. Mi padre nunca rechazó un trabajo y nunca aceptó nada que no se hubiese ganado con su sudor. No he conocido a nadie más honrado. Nunca abandonó un problema encontrando al final la solución, una solución creativa, casi mágica. Así que echa en la cesta de la herencia este primer bien: el ejemplo de sacrificio, honradez y valentía.
Las siguientes “propiedades” que te dejo son para que seas feliz y me las proporcionó un tal Confucio, que vivió en China hace muchos años. Te resumiré estos trucos para ser feliz acuñando algunas de sus máximas:
“Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida”.
“Solo puede ser feliz el que sepa ser feliz con todo.”
“Exígete mucho a ti mismo y espera poco de los demás. Así te ahorrarás disgustos”.
Aprende a reirte de tí mismo, oféndete con menos cosas y ofende menos.

Sé positivo, intenta agradar la vida a los que te rodean, quiere para ti lo que no quieran los demás… y siéntete orgulloso por ser tan fuerte. Que cuando llegue la hora de irte de este mundo no te avergüences de nada de lo que hayas hecho o de lo que no hayas llegado a hacer.
Y esto último me lleva a otra parte de mi herencia: VIVE, vive todo lo que puedas sin llegar a hacer el mal a otros o a ti mismo. No busques soluciones fáciles. VIVE. Llena tu vida de experiencias y sabiduría. Viaja, aprende, escucha… No seas un libro lleno de hojas en blanco, carente de valor para ti y para los demás. VIVE, a pesar de que ello pueda conllevar sufrimiento, es parte de la vida. Vive, conoce otra gentes, otras culturas, aprende de ellas lo que tienen de bueno. Vive, aprovecha el tiempo. La vida es un pasillo que sólo se recorre en una dirección de manera que si no abres una puerta y miras el interior de la habitación cuando pasas junto a ella, ya no podrás hacerlo después… y el recorrido cada vez es a mayor velocidad. Vive y acepta, como dijo Jack Higgings que “con frecuencia no somos nosotros quienes vivimos la vida. La vida nos vive a nosotros. Ya lo aprenderás cuando seas más viejo”. Me habrás escuchado decir muchas veces desde el accidente que” no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy, no porque lo puedas hacer hoy, sino porque no sabes si podrás hacerlo mañana”. Si hay un recurso agotable en nuestro mundo, ese es el tiempo. Por ello, debe ser lo que menos malgastemos.
Pero no te engañes, esto que acabo de decirte no debe ser una excusa para hacer lo que uno quiere cuando uno quiere. Todo lo que hagas debe tener un fin, el que tu elijas entre los que son honorables, un fin que te sirva para ser un hombre, para tener la excusa de haber vivido, para madurar, y no olvides que madurar no significa hacer las cosas cuando uno quiere, sino cuando uno debe.
Es hora de volver a tus abuelos, mis padres. Más importante que lo que me dieron es lo que no me dieron, lo que me “forzaron” a conseguir. Muchas veces me has oído contar las tardes, las jornadas interminables, trabajando con tu abuelo. Viendo como canturreaba mientras miraba una pieza de metal, madera, cemento o plástico para descubrir qué debía hacer y cómo solucionar los problemas que le planteaba el trabajo. No cambiaría por nada esas jornadas, ese aprendizaje (y eso que en su momento no veía el momento de salir del trabajo e irme con los amigos). Ni él ni tu abuela me regalaron nunca nada que no fuese intangible: respeto, cariño (a borbotones). Heredé ropa de segunda mano de mi hermano, utilicé prestado materiales de otros para mis estudios (dibujo técnico), tuve que ahorrar de lo que ganaba en los trabajos para comprar mi primera bicicleta (por cierto, de segunda mano) que luego vendí para comprar mi primer chandal. Nunca tuve un “aparato de música” hasta que comencé a dar clases particulares y sí, cuando a tu abuela le toco “un pico” en la lotería, me compré un coche de segunda mano (hasta entonces usaba el SIMCA de mi padre cuando él no lo usaba).
Mi madre me enseñó a no malgastar, mi padre a admirar el trabajo manual (nunca me verás discutir lo que intenta cobrarme un mecánico, fontanero o albañil, si es que no hago el trabajo yo mismo).
Creo que cada vez que uso el destornillador, reparo un electrodoméstico o construyo un mueble, estoy homenajeando a mi padre. Ese es el mayor tributo que puedo hacerle y sé que él se siente orgulloso de ello.
No tengas miedo a equivocarte, pero tampoco tengas vergüenza en reconocerlo, eso es un signo de madurez, de sabiduría. El que tiene miedo al fracaso, fracasa. El fracaso no es no alcanzar la meta, sino no haberse esforzado por llegar. Si lo has dado todo, no te importarán las críticas.
Esta carta podría rellenar libros y siempre me faltaría algo que querría decirte. Te dejo mi herencia, un amor que hasta que uno no tiene un hijo, no sabe que existe. Usa este amor como base, pero no te aproveches de él, ni te excuses en él. Úsalo aunque no lo comprendas ni llegues a apreciarlo, lo harás cuando te conviertas en padre. Guarda esta herencia, intangible, a buen recaudo. Es, aunque no  lo creas, el mayor bien que puedo ofrecerte y cuando no comprendas algunas de mis decisiones, piensa que se deben a mi herencia.




[1] Leopoldo Abadía.

viernes, 23 de agosto de 2013

Las ventanas rotas: lo que la psicología social puede aportar a la vida cotidiana


A estas alturas, apareciendo a diario en los noticiarios casos de corrupción y desfachatez cada vez mayores, llevamos algún tiempo preguntándonos cómo hemos llegado a tal punto de corrupción. La respuesta la hubiésemos conocido antes (y por tanto, también la solución) si entre nuestros políticos existiese un mínimo de formación en ciencias sociales como la sociología o la psicología.

En 1969, Phillip Zimbardo, profesor de la Universidad de Stanford, llevó a cabo un experimento que más tarde daría lugar a la "teoría de la ventana rota". El experimento consistió en abandonar dos coches idénticos, en dos barrios diferentes: Uno en el Bronx, (zona pobre y conflictiva de NY) y el otro en Palo Alto, (zona rica y tranquila de California). Los investigadores observaron que el automóvil abandonado en el Bronx comenzó a ser desvalijado en pocas horas. Robaron las llantas, el motor, los espejos, la radio, etc. Mientras, el coche abandonado en Palo Alto se mantuvo intacto. En un principio se atribuyó esta diferencia en las conductas a la pobreza. Sin embargo, Zimbardo continuó el experimento. Para ello se rompió el cristal de una de las ventanas del coche de Palo Alto. Al poco tiempo el coche sufrió de un vandalismo similar al del Bronx. La conclusión fue que la conducta delictiva no era efecto de la pobreza, sino de factores psicosociales: El abandono es interpretado como señal de deterioro, desinterés, relajamiento de las normas sociales y de permisividad.

Este experimento dio lugar a otros que confirmaron la idea. En especial el que llevaron a cabo Wilson y Kelling (que propusieron la "teoría de las ventanas rotas"). Estos autores utilizaron un edificio abandonado y rompieron una ventana. El resultado fue que se produjo una escalada de ventanas rotas en ese edificio (que hasta el momento no había sido objeto de vandalismo). La conclusión, una vez más, es que el descuido, la permisividad, la suciedad, el abandono propician el delito. SI SE ROMPE EL CRISTAL DE UNA VENTANA Y NO SE REPARA LO ANTES POSIBLE, PRONTO SE ROMPERAN EL RESTO DE VENTANAS.

Durante años, en España se han ido "rompiendo ventanas" sin que los responsables las arreglasen rápidamente dando la sensación de que "no pasaba nada", que "todo el mundo hacía lo mismo" (y si no lo hacía era porque no podía o era tonto). No sólo se "rompían ventanas", sino que se banalizaba el hecho de hacerlo. No ha sido infrecuente que aquellos sujetos que habían estafado, malversado o robado valiéndose de su posición, aparecieran en los platós de televisión, pero no para ser recriminados por sus acciones, sino tratados en tono jocoso o, incluso, como ejemplos a imitar, como referentes sociales (permitiéndose el lujo de cantar, contar sus delitos, escribir libros o ser contratados por grandes empresas). Esta actitud/respuesta supone otra contradicción con lo aprendido por las ciencias del comportamiento humano: el modelado o parendizaje vicario, es decir, que se copian aquellas conductas que se ven premiadas en otros.

Los americanos, mucho más pragmáticos que nosotros, aprovecharon lo aprendido con los experimentos citados y lo utilizaron en la década de los 80 para acabar con la inseguridad y la delincuencia de la que era objeto el Metro de NY. Para ello comenzaron combatiendo las acciones que suponían pequeñas violaciones de la ley (graffitis, ebriedad, impago del billete, suciedad...), es decir, "repararon las ventanas" y con ello dieron el mensaje de "tolerancia cero". Hoy en día el metro de NY es una zona segura. No se trata de convertirse en una sociedad judicializada, de "un gran hermano" o de coartar las libertades sociales; simplemente significa hacer cumplir las leyes. Si no, ¿para qué las creamos? Una ley que no se hace cumplir, es contraproducente ya que da la sensación de que las demás también pueden transgredirse.

Es cuestión de huir de demagogias, de no tener miedo de perder la imagen de benevolente, de compadreo y hacer aquello para lo que le pagan a cada uno: su responsabilidad que, al final, es lo que demanda la sociedad.

El sistema debe experimentar un cambio radical. Pero ello no sucederá por inercia, no podemos sentarnos a la puerta en espera de que ocurra, porque el sistema somos nosotros. No un peligroso "nosotros" anónimo, de masa, que acaba amparándose en ese anonimato para realizar actos de los que creen no son capaces, sino una suma de "yo" responsables y lógicos. Es necesario tomar medidas para establecer (que no reestablecer) un sistema de valores, sin que por ello se tache con adjetivos caducos. Los valores son la base de la norma social y los valores se aprenden e interiorizan (nos autorrefuerzan) por observación de los demás (del grupo de iguales y del de referencia).

Eludiendo a John F. Kennedy es el momento de preguntarse qué podemos hacer por nuestro país ("Ask not what your country can do for you; ask what you can do for your country"), es el momento que "repudiemos" a los estafadores, malversadores, que hagamos que se avergüencen de hacerlo y aplaudamos a aquellos que han sabido mostrar y mantenerse con una conducta de honradez y trabajo.

Es hora de volver a introducir la cultura del esfuerzo en una democracia que nunca debe perderse, en esa democracia que las figuras de la transición supieron ganar.

Algunos de los valores que más necesita esta sociedad se encuentran bajo un concepto indispensable, el de inteligencia moral que engloba la integridad, la responsabilidad, el interés por los demás y la tolerancia. El gobernante, el alto cargo, el ejecutivo que hace suyos estos valores actuará de forma intachable. Podrá equivocarse, pero no lo hará porque haya buscado su beneficio, sino el de los demás.

Esta organización que llamamos país (algunos nación, otros patria) precisa de técnicos con inteligencia moral, es decir, personas que sepan, quieran y puedan dar soluciones libres de réditos políticos y aceptadas por la procedencia más que por la eficacia.

Publicado en http://www.luzdemelilla.es/index.php/semanario-la-luz/opinion-luz-de-melilla/item/1749-juan-manuel-cventanas