Aquí os dejo una adaptación a la situación del Coronavirus de las "reglas" que seguimos en psicología de emergencias cuando tenemos notificar un fallecimiento. Las he adaptado a la necesidad de realizar esta comunicación por teléfono o a distancia. Espero que les sirva al personal de los hospitales que estos días deben cargar con esta tarea. Ánimo y contad con nosotros para lo que necesitéis.
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domingo, 22 de marzo de 2020
jueves, 13 de julio de 2017
Plan de evacuación en caso de incendio para niños con Trastorno del Espectro Autista
Cualquier área de ejercicio profesional de las distintas
disciplinas que trabajan con personas con diversidad funcional, exige una
preparación adecuada y herramientas que faciliten la toma de decisiones en caso
de una emergencia o catástrofes que puedan poner en peligro la vida de personas,
siendo más susceptible cuando tratamos de poblaciones especiales, como pueden
ser los niños con diversidad funcional, principalmente por Trastornos del Desarrollo.
Pero sin duda, es en aquellas situaciones que implican un riesgo vital y
conocimientos específicos para la enseñanza y adquisición de competencias
necesarias de evacuación y actuación ante cualquier emergencia en las que se
hace más patente la necesidad de herramientas de consulta rápida que permitan elegir
las intervenciones correctas de actuación tanto del profesional como de los
niños con necesidades educativas especiales.
Con este objetivo se ha elaborado esta guía, que pretende ser
por tanto un recurso de apoyo para aquellas personas que desarrollan su
actividad con menores con diversidad funcional, facilitando la adquisición de
las competencias necesarias para poder responder adecuadamente ante dicha
situación, favoreciendo de este modo la seguridad y capacidad de respuesta de
los menores con necesidades especiales y adultos que le guíen.
Por este motivo, y conscientes de la contribución de las
buenas prácticas de los profesionales que trabajan con menores con diversidad
funcional a la mejora del bienestar bio-psico-social de la población, la
Asociación TEAMA (Trastorno del Espectro Autista Melilla Avanza) y el
GIPEC (Colegio Oficial de Psicólogos de
Melilla), han apostado por la edición y difusión de esta guía, que esperamos
que sin duda contribuya a facilitar el trabajo de los profesionales y a mejorar
la calidad de los cuidados y/o intervenciones que los mismos prestan.
https://drive.google.com/open?id=0B9oGGBWpDkxCVlJhTDdLNkZlVmcdomingo, 16 de abril de 2017
Programa para gestionar la evacuación de menores con trastorno del espectro autista
En este vídeo podéis ver cómo surge la idea y cómo se prepara el material del programa para enseñar a los menores con TEA a evacuar un edificio (p.ej. su escuela) en caso de incendio.
Este proyecto se ha realizado entre el GIPEC del COP-Melilla y la Asociación TEAMA.
https://youtu.be/8G_uu-BY4Gc
lunes, 3 de abril de 2017
Campaña de sensibilización para autoprotección ante un terremoto
Durante la última semana de marzo salimos a la calle a sensibilizar a la gente sobre sus conocimientos sobre su reacción ante un terremoto. Se le hacen preguntas y se les entrega un informe con recomendaciones.

jueves, 2 de abril de 2015
Lecciones aprendidas del accidente de avión o psicología de un extraño suicidio.
La
historia de las tragedias nos ha enseñado que hasta que no ocurre una de ellas,
no se reparan ciertos errores que de todos eran conocidos.
Recientemente,
el accidente del vuelo de Germanwings ha sacado una serie de problemas
referentes, entre otros, a la selección y evaluación psicológica de los
pilotos.
Finalmente
se habla de la depresión del copiloto como causa de su actitud y de su
decisión. Sin embargo, los que nos dedicamos a la psicología, sabemos que por
el mundo andan muchas personas diagnosticadas con algún tipo de trastorno del
ánimo, y más concretamente con un trastorno depresivo, sin que se suiciden o,
peor aún, provoquen la muerte de otros.
Como
en todo accidente, debe de haber concurrido más de una causa, en este caso
psicológicas, para que se produzca la catástrofe.
Antes
de analizar el estado psicológico y la personalidad de Andreas Lubitz, creo que
será esclarecedor un intento de clasificar los tipos de muertes violentas, por
lo que propongo el siguiente cuadro:
|
¿Supone el fallecimiento del sujeto activo?
|
¿Supone el fallecimiento de otra/s persona/s?
|
¿Es su intención principal matarse?
|
¿Hace público la decisión?
|
¿Es su intención que mueran otros?
|
¿La muerte de otros es accidental?
|
Tipología
|
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Si
|
Si/no
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No
|
No
|
No
|
Si
|
ACCIDENTE
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No
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Si
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No
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-
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Si
|
No
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HOMICIDIO/ASESINATO
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Si
|
No
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Si
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Si (nota)
|
No
|
-
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SUICIDIO
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Si
|
Si
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No
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Si (nota o video)/ no
|
Si
|
No
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ATENTADO SUICIDA/SUICIDIO TRAS ASESINATO
|
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Si
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Si
|
Si
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Si
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No
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Si
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SUICIDIO AMPLIADO
|
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Si
|
Si
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Si
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Si/no
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Si
|
No
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SUICIDIO DELIRANTE
|
|
Si
|
Si
|
Si
|
No
|
No
|
No
|
SUICIDIO ENCUBIERTO (PILOTOS SUICIDAS)
|
Cabe
suponer que el caso de Lubitz es el de un suicidio
encubierto… o no.
La
duda surge cuando se intentan comprender los motivos. En los casos en los que
se han producido suicidios encubierto por pilotos, el motivo ha sido más
monetario. Es decir, simulando un accidente y por tanto una muerte durante el
trabajo, la aseguradora se muestra de forma muy distinta con la familia del
piloto a como lo hace si ha sido el responsable consciente. Sin embargo, aquí,
dado la claridad del caso hay que poner en duda la intención de ocultar el
suicidio.
El
siguiente aspecto que se ha discutido en muchos foros es comprender cómo una
persona cuya intención es suicidarse, es capaz de matar a otros (en este caso a
149). Esto será imposible de comprender si lo intentamos explicar bajo el
prisma de una racionalidad que en un suicida ha desaparecido por completo.
Primero hay que anotar que no son raros los actos suicidas que suponen la
muerte de otras personas, como es el caso de personas que utilizan el gas o las
explosiones como método. A ello hay que añadir un matiz de la mente del suicida
que nos facilita la respuesta: si el entramado cognitivo del suicida ha
conseguido barrer todas los mecanismos de autoprotección y su vida ya no tiene
valor, cómo podemos pensar que en ese momento la vida de otros tiene valor para
él. EN ESE MOMENTO LOS DEMÁS O NO EXISTEN O NO IMPORTAN.
Al
comenzar me opuse a la idea de que un trastorno depresivo por si sólo fuese
suficiente para explicar la decisión de estrellar un avión. Efectivamente, las
investigaciones sobre la relación entre trastornos mentales y suicidio nos dice
que, los pacientes que sufren trastornos depresivos tienen, al menos, una probabilidad
20 veces mayor de suicidarse que la población en general. La experiencia
clínica nos muestra que no todos los pacientes depresivos son igualmente
propensos al suicidio. Para ello deben de darse otra serie de factores que
“facilitan” la ideación y el acto suicida. Destaca a nivel práctico la
desesperanza, es decir, la idea de que no hay solución, de que todo va a ir a
peor. No cabe duda de que las recaídas sufridas por Lubitz, la idea de que le
iba a ser imposible cumplir su sueño (obsesivo) y de renovar su licencia de
piloto y la ruptura con su novia han sido estresores que han aumentado su
desesperanza, rompiendo el que seguro era su único proyecto de vida: ser un famoso piloto.
Pero
aun así, estos factores no explican, a mi entender, la realización de este tipo
tan visible/público de suicidio y creo que la clave está en la frase que una
antigua novia asegura haberle escuchado: “algún día haré algo y todo el mundo
recordará mi nombre”. Estoy seguro que al decir esto no estaba pensando en
estrellar un avión, pero también estoy seguro que en esta necesidad de
destacar, de ser alguien, de tener su minuto de gloria, estriba su decisión
final. “Si no destaco por algo que cada vez veo más lejos, se me recordará por
esto”. En ello coincide con algunos casos de homicidas en masa, como los
asesinatos en colegios o institutos producidos por alumnos que hasta entonces
habían pasado “sin pena ni gloria”.
Los
trastornos mentales no suelen venir solos. Si bien puede destacar uno entre los
demás, el diagnóstico de uno no excluye la existencia de otro en el mismo
paciente. Y en mi opinión, con los datos públicos que se han ido revelando del
caso, me quedan pocas dudas de que Lubitz sufría otro trastorno que manipulaba
todo su entramado cognoscitivo pues se trataba de un trastorno de personalidad,
mucho más grave, más persistente y global que un trastorno depresivo.
n Egocéntrico,
con desprecio hacia los demás, con sentido exagerado de su propia importancia.
n Arrogante,
distante e interesado.
n Búsqueda
exagerada de admiración y atención.
n Falta
de empatía. Intentos de explotar a los demás.
n Fantasías
de grandeza y de éxito.
n Envidioso.
n Falta
de reconocimiento de los propios errores o limitaciones
¿Les
suena este perfil?, ¿Algunas de las conductas del copiloto coincide con estos
rasgos?
Se
trata de los síntomas característicos de un Trastorno Narcisista de la Personalidad y explicaría porqué un
joven que ve como se derrumba su único sueño y que su “necesidad” de ser
importante, recordado, querido, envidiado, decide acabar con todo de forma que
no se nos pueda olvidar.
¿Aprenderemos
de esta tragedia? Ya se están estudiando nuevos sistemas y protocolos para
eliminar el problema de seguridad de la puerta de la cabina.
Se
ha hecho pública la noticia de la psicóloga rusa que aprobaba las pruebas
psicológicas de pilotos y controladores a cambio de dinero.
También
ha quedado claro que la falta de intercambio de información entre los sistemas
sanitarios y las empresas (obedeciendo al secreto profesional y la protección
de datos) conlleva lagunas que han facilitado esta catástrofe.
Opiniones
hay y van a seguir apareciendo, pero como suele ocurrir, se irán enfriando y
terminarán por desaparecer. Lo importante es que responsables y expertos
acuerden y pongan en práctica acciones y protocolos que, en la medida de lo
posible, subsanen estas tragedias.
Entre
los cambios podrían citarse el uso de pruebas psicológicas más exhaustivas, que
sean realizadas y evaluadas por especialistas (psicólogos), menor periodicidad
entre las mismas, posibilidad de instaurar un protocolo para recoger incidentes
a través de la observación de los compañeros, exigir mayor rigurosidad en los
reconocimientos (todos hemos pasado reconocimientos médicos para el carnet de
conducir…), un mejor sistema de selección y una periódica evaluación de
rendimiento…
Como
colación deben de quedar claro dos realidades. La primera es que ninguna medida
eliminará totalmente la posibilidad de que vuelva a ocurrir un desastre similar
(lo mismo que las medidas que se instauraron tras el hundimiento del Titanic,
no ha acabado con las muertes tras los naufragios) así que deberemos vivir con
cierta incertidumbre, con la aceptación de que ciertos aspectos de la vida
quedan fuera de nuestro control. La segunda es que no debemos olvidar que en un
99,9999999% de los casos los pilotos son
héroes y no villanos.
jueves, 26 de marzo de 2015
Los grandes olvidados
Bomberos
ataviados con arneses acompañan a forenses enfundados en sus monos mientras suben la montaña en la que,
se puede decir casi sin exagerar, les espera un paisaje dantesco. Pedazos de
distintos tamaños, pero todos ellos demasiado pequeños, del fuselaje de lo que
fue un gran avión. Entre estos trozos metálicos (disculpen la dureza) trozos de
lo que pocas horas o días antes fueron personas.
Abajo, en
el pueblo cercano, unos técnicos, enfundados en chaquetones con emblemas, logos
y rótulos de profesiones -como si ello pudiera protegerlos de los momentos y
situaciones difíciles- acompañan, ayudan, comparten la angustia con los
familiares de los fallecidos.
Durante
el rescate trabajarán diversos profesionales: rescatistas, bomberos, militares, policías,
forenses, enfermeros, médicos, psicólogos. Descansando pocas horas en las que no dejarán
de recordar lo que han hecho, ni de repetirse lo que deberán hacer.
En
el noticiario aparece una fila de chicos jóvenes subiendo una ladera. Llevan
uniformes, mochilas, arneses… hablan poco y no sabría descifrar lo que sus rostros
me dicen. Me recuerda una escena similar que viví cuando comenzaba a ayudar en
emergencias: un 25 de septiembre cuando de Melilla salieron rumbo a una zona de
Marruecos jóvenes que estaban haciendo la “mili” y voluntarios de Cruz Roja. Su
misión iba a ser recoger, al igual que ahora, cadáveres, o lo que sería más
apropiado decir, restos de cadáveres derramados por otra montaña tras otro accidente de avión.
Mañana
seguirán trabajando habiendo visto y oído escenas que la mayoría no
resistiríamos. Pero
pasado mañana o dentro de una semana serán los grandes olvidados. Se nos olvida
que debajo de esos uniformes, de esos logos, de esos rótulos, hay personas,
profesionales, pero personas. Nadie les va a preguntar cómo están, presuponiendo que como profesionales “ni
sienten, ni padecen”. Nadie les explicará que pueden sentir miedo, que pueden
revivir con imágenes intrusivas ciertas escenas, que no dejarán de preguntarse
si lo han hecho bien o cómo podrían haber acabado con la angustia de aquella
persona a la que acompañaron, nadie les asegurará que haberse derrumbado al
encontrar aquel fular chamuscado y con manchas de un rojo oscuro, es normal.
Nadie les hará comprender que los años de experiencia no les protegen al cien
por cien de “venirse a bajo” un día ante una situación menos dura. Nadie les
prevendrá de que tendrán problemas para dormir, que se sentirán incomprendidos
por cualquiera que no haya pasado por lo mismo, que sentirán que les sudan las
manos cuando vuelvan a ser llamados para otra tragedia.
Nadie
les reunirá para que expresen sus dudas, sus miedos; para que “airén” sus
sentimientos.
Cuando
el accidente de avión ya no sea noticia, muchos de los técnicos que han estado
ayudando a los demás, caerán en el olvido por los medios de comunicación, por
la población y, lo que es peor, por aquellos que se valieron de sus
conocimiento para resolver una difícil situación.
Vaya
este escrito como reconocimiento y para que sepan que, si no podemos ponernos
en su lugar, si llegamos a comprender sus dudas y sus miedos.
miércoles, 25 de marzo de 2015
Psicólogo y emergencias
De
nuevo una tragedia, esta vez un accidente aéreo, hace poco un atentado
terrorista, hace algo más un accidente de carretera. Todas estas catástrofes
tienen algo en común cuando se dan como noticias en los telediarios: se nombra
a los psicólogos que atienden a los afectados y/o familiares. Incluso comienzan
con frases como “un equipo de psicólogos atiende…” acompañadas de imágenes en las
que un psicólogo con un chaleco, acompaña y habla con una persona de semblante
preocupado, triste.
Ya
es impensable la gestión de una catástrofe sin la ayuda de psicólogos que,
afortunadamente, suelen ser de grupos, como los GIPEC (Grupo de Intervención
Psicológica en Emergencias y Catástrofe), que se preocupan de la
especialización y la formación continua.
Créanme,
yo empecé en este campo por casualidad y siempre cuento la anécdota de que, a
pesar de mi experiencia como psicólogo clínico, en las primeras intervenciones,
me faltaba tanta preparación para poder ofrecer una ayuda profesional que
llegué a preguntar a mis compañeros (igualmente colapsados) qué podíamos hacer.
De
eso han pasado años, pero periódicamente tengo que quejarme de que, aunque la
población ya acepta e, incluso, exige nuestra ayuda; aunque los responsables
“nos activan” en cuanto hay un aviso de emergencia, en los periodos de “calma”,
estos mismos se olvidan de nosotros, retrasan o rechazan los convenios de
colaboración/intervención que ofrecemos y que, llegado el caso, facilitarían y
mejorarían nuestra tarea.
Mientras,
los psicólogos de los GIPEC de toda España siguen preparándose, utilizando (que
no perdiendo) parte de su tiempo libre en reuniones, prácticas, simulacros y
cursos para poder ofrecer una ayuda de calidad a los posibles afectados.
A
veces, parece que pedimos por caridad que nos dejen trabajar, que nos incluyan
en los planes de emergencia, que nos avisen un domingo para pasar 24 horas en un
simulacro, que nos llamen a media noche si se produce un accidente o un
suicidio.
Parece
que nos hacen un favor, que lo nuestro es vocacional y, si solicitamos que se
nos remunere por nuestro trabajo, somos poco menos que psicópatas.
Eso
si, cuando nos activan, siempre hay un responsable (léase político) que alude a
nosotros como “nuestros psicólogos”.
Desde
ayer muchos de mis compañeros están trabajando en distintas localidades de
España con los familiares de los fallecidos en el accidente de avión. Pasarán
probablemente entre 48 y 72 hs. en turnos,
que se resisten a abandonar, apoyando, aconsejando, asesorando,
tratando, empatizando… Les quedará el buen sabor de boca de los agradecimientos
que no suelen faltar por parte de los atendidos, si tienen suerte algún
responsable también les dará las gracias, si tienen más suerte, un convenio
(conseguido con mucho esfuerzo y como si quisiéramos aprovecharnos del mal
ajeno) les permitirá cobrar por su trabajo, sino, no se quejarán y pensarán que
algún día se le tratará como a cualquier otro profesional: reconociéndole económicamente
su labor grata, pero dura… lo digo por experiencia.
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