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jueves, 1 de febrero de 2018
Comunicación en emergencias. Durante el rescate.
2ª entrega de la serie formativa sobre comunicación en emergencias y catástrofes. En esta nos centramos en la comunicación durante el rescate de personas afectadas.
lunes, 29 de enero de 2018
Comunicación en emergencias. Cuento introductorio
Os dejo el enlace del primer vídeo de la serie "Comunicación emocional en emergencias y catástrofes".
martes, 28 de noviembre de 2017
Tema de debate para psicólogos emergencistas
Acaban de cumplirse 20 años de la rotura del depósito de
agua de Melilla. Por tanto, acaban de cumplirse 20 años de mi primer contacto
con este campo tan interesante como es la psicología en catástrofes.
Desde entonces hemos avanzado mucho aunque quedan temas en
los que no terminamos de ponernos de acuerdo, lo que no es ni bueno, ni malo.
Por tanto, esta introducción debe tomarse como lo que es, una opinión propia muy discutible. Pero también debe tomarse como
una opinión basada en 20 años de ensayo-error, de intercambio de información,
de intervenciones y posteriores reflexiones, de puesta en común con otros
psicólogos de emergencias y con otros profesionales, con la opinión de
afectados, con la consulta de trabajos científicos y de ensayos sobre
experiencias.
La psicología de
emergencias No es psicología clínica.
Muchos psicólogos que están en emergencias provienen o
compaginan su labor con la práctica clínica. Si bien la consulta es una
experiencia de suma utilidad para realizar el apoyo psicológico con afectados
por una emergencia o catástrofe o
familiares de los mismos, cuando se trabaja en emergencias se debe comprender
que la intervención no es la misma. El psicólogo de emergencias hará una
“terapia” (lo llamo así para que nos entendamos) individual, pero también
trabajará a nivel grupal (por eso, en determinadas ocasiones, como es la
recepción de familiares, aunque uno le hable a un afectado en concreto, el tono
de voz que usa es suficientemente alto para que lo escuche el resto). Por otro
lado, no se puede “aplazar” casi nunca nuestra intervención, ni prepararla para
otras sesiones. No se realiza en un lugar cómodo y seguro. Debe saber “lidiar”
con la prensa, debe preocuparse por la prevención, debe conocer la psicología
social de las masas, el comportamiento en las evacuaciones, las conductas
presumibles en las fases de shock y de reacción. Debe acostumbrarse a trabajar
codo con codo con sanitarios, bomberos, miembros de los cuerpos de seguridad
del Estado…
Derivado de esta diferenciación, surge el debate de si los
psicólogos de emergencias deben o pueden realizar su labor en la zona cero. El debate es intenso y las
dos partes u opiniones tienen razón. Yo me decanto por pensar que, si bien los
Planes de Emergencias o nuestros propios protocolos no lo contemplan, debemos
estar preparados para intervenir, de la mano o a petición de otros
profesionales, en la zona cero. Y expongo mis razones:
- - Nuestra preparación debe dirigirse a situaciones desde emergencias muy individuales (accidente de coche, suicidio, muerte de un menor…) hasta grandes catástrofes. En estas últimas circunstancias (pongamos por ejemplo un gran terremoto) la zona cero será muy extensa, prácticamente toda la zona, ampliándose de forma imprevisibles a lo largo del tiempo que dure nuestra labor (nuevos y sucesivos temblores, réplicas, caídas de edificios, incendios posteriores…). Ello hará que el psicólogo se encuentre o le alcance la zona cero de forma inesperada durante su trabajo (p. ej. Mientras realiza el apoyo psicológico a afectados o familiares, en la sala habilitada para ello, se produce una réplica del temblor y parte del edifico se viene abajo quedando dentro los psicólogos con personas que están heridas y psicológicamente muy alteradas). Sin llegar a esto, un interviniente del ejército español desplazado a Estambúl en el último de sus seísmos me contaba que en el PMA y Hospital de Campaña que habían montado, trabajaban con el olor constante de los cadáveres que aún permanecían sepultados en los edificios colindantes.
- - Ojalá los profesionales que intervienen en una catástrofes demandaran nuestra actuación junto a ellos en la zona cero. Esto sería bueno por dos razones, una porque significaría que nos hemos ganado su respeto como profesionales que podemos y sabemos ayudar. Dos porque ampliaría nuestro ámbito de trabajo (muchas veces no nos avisan porque nuestro ámbito de intervención es limitado… y desconocido, por no decir, poco valorado).
- - “Entró con los familiares a reconocer el cadáver y se desmayó”. Como en todas las profesiones, no todos los técnicos “sirven” para todas las labores (por vocación, preferencias o capacidad). En nuestro campo, no todos los psicólogos pueden dedicarse a las emergencias. A parte de la anécdota (cierta) de este epígrafe, trabajar bajo presión, de forma inmediata, en un entorno con numerosos estímulos aversivos/peligrosos frente a un sufrimiento reciente intenso y generalizado, no está al alcance de todos. Formarnos para trabajar en zona cero, mejora nuestra percepción de autoeficacia y autoconocimiento sobre nuestras reacciones, nuestras capacidades, nuestras competencias, lo que redundará en la capacidad para transmitir esta confianza en las personas a las que debemos ayudar.
Para terminar este epígrafe me voy a permitir copiar un
comentario colgado en el facebook hecho por una colega (Mª Jesús Rodríguez) tras
su participación en un simulacro:
“Como Psicóloga de Emergencias, he podido
sentir de nuevo lo que es trabajar en la zona 0. Esa para la que nunca se está
totalmente preparado ni formado. Esa donde todos tus conocimientos y
experiencias deben fluir y dinamizarse con los del resto de intervinientes. Esa
donde no importa el uniforme que lleves, si no que, lo que realmente impera es
la situación de crisis y sus fases. Esa en la que nada está aún controlado. En
la que primero manda el rescate y la puesta a salvo y luego el tratamiento.
Porque como psicólogos, debemos saber que no siempre se atiende a las víctimas
cuando ya han sido socorridas, o a los familiares de éstas. Si no que, en
ocasiones, esta intervención que necesitan es DURANTE el rescate. El
emergencista debe estar lo suficientemente preparado para saber actuar en cada
una de las fases, sea del equipo que sea, y llegue en el momento que llegue.”
Intervención
psicológica avanzada, primeros auxilios psicológicos versus habilidades de
comunicación en emergencias.
Otro foco de discusión ha sido (y sigue siendo) a nivel
conceptual y epistemológico lo que es nuestra intervención y la que es de otros
profesionales. Si bien a nivel conceptual hemos solucionado el problema:
nosotros nos encargamos de la Intervención Psicológica Avanzada (IPA) o
Primeros Auxilios Psicológicos (PAP), mientras que los demás profesionales
deben limitarse a realizar una comunicación efectiva emocional con los
afectados (un bombero no puede permanecer mudo, un médico debe tener la
capacidad para comunicar una mala noticia). Sin embargo, lo que engloba y los
límites de cada concepto siguen sin estar claro, al menos, para parte de los
intervinientes. Por otro lado, esta limitación presenta una incongruencia con
la idea de que los psicólogos no actuamos en zona cero. De ser así y, a la vez, teniendo en cuenta que los profesionales,
que si trabajan en esta zona, no deben
realizar un apoyo psicológico (PAP), ¿qué ocurre si durante un rescate aparecen
síntomas de inestabilidad psicológica que precisa de una IPA?
Por otro lado, la limitación no sólo conceptual, sino
operativa se hace necesaria para establecer los contenidos que pueden ofrecerse
en la formación en la que participamos para los distintos colectivos.
Nuestro plazo de
actuación.
Un tercer tema de debate es hasta
qué momento, posterior a la emergencia debemos seguir actuando. Aunque el GIPEC
tiene como marco de actuación la fase de impacto y postimpacto inmediato, en
ocasiones, en esa inmediatez los afectados están menos o nada receptivos a
aceptar nuestra ayuda y es en una fase de postimpacto tardío cuando pueden y
quieren aceptar nuestra ayuda, más aún si ya en la fase inmediata a la
emergencia hemos creado una relación de confianza con el/los afactados. Se
puede argumentar que en esa fase (fase de reacción o de vuelta a la normalidad)
son los psicólogos clínicos los que deben intervenir, pero ante esto hay varios
argumentos en contra. El primero es que es al psicólogo de emergencias que ha
estado en los primeros momentos haciéndose significativo a los que acuden. Si
la respuesta que reciben es que en esos momentos ya no pueden ayudarles y que
deben acudir a otro profesional, puede producirse una pérdida de confianza
hacia la figura del psicólogo en general muy acusada. Por otro lado, para
conocer y tratar los síntomas asociados a la catástrofe, es el psicólogo
emergencista el que está más preparado y por último, mandar al psicólogo
clínico a una persona psicológicamente estable y sana que precisa de
asesoramiento ante una situación anormal y un proceso de duelo, es
psicopatologizar al sujeto.
Los temas que los psicólogos de
emergencias tienen a debate son mucho más numerosos y, no dudo, que más
importantes. Sirvan estos expuestos como ejemplos y para que se establezca una
primera concienciación de que debemos sentarnos a debatir y a acordar una base
mínima para no perder el tiempo en temas baladíes.
Melilla, 28 de
noviembre de 2017.
lunes, 28 de agosto de 2017
jueves, 13 de julio de 2017
Plan de evacuación en caso de incendio para niños con Trastorno del Espectro Autista
Cualquier área de ejercicio profesional de las distintas
disciplinas que trabajan con personas con diversidad funcional, exige una
preparación adecuada y herramientas que faciliten la toma de decisiones en caso
de una emergencia o catástrofes que puedan poner en peligro la vida de personas,
siendo más susceptible cuando tratamos de poblaciones especiales, como pueden
ser los niños con diversidad funcional, principalmente por Trastornos del Desarrollo.
Pero sin duda, es en aquellas situaciones que implican un riesgo vital y
conocimientos específicos para la enseñanza y adquisición de competencias
necesarias de evacuación y actuación ante cualquier emergencia en las que se
hace más patente la necesidad de herramientas de consulta rápida que permitan elegir
las intervenciones correctas de actuación tanto del profesional como de los
niños con necesidades educativas especiales.
Con este objetivo se ha elaborado esta guía, que pretende ser
por tanto un recurso de apoyo para aquellas personas que desarrollan su
actividad con menores con diversidad funcional, facilitando la adquisición de
las competencias necesarias para poder responder adecuadamente ante dicha
situación, favoreciendo de este modo la seguridad y capacidad de respuesta de
los menores con necesidades especiales y adultos que le guíen.
Por este motivo, y conscientes de la contribución de las
buenas prácticas de los profesionales que trabajan con menores con diversidad
funcional a la mejora del bienestar bio-psico-social de la población, la
Asociación TEAMA (Trastorno del Espectro Autista Melilla Avanza) y el
GIPEC (Colegio Oficial de Psicólogos de
Melilla), han apostado por la edición y difusión de esta guía, que esperamos
que sin duda contribuya a facilitar el trabajo de los profesionales y a mejorar
la calidad de los cuidados y/o intervenciones que los mismos prestan.
https://drive.google.com/open?id=0B9oGGBWpDkxCVlJhTDdLNkZlVmclunes, 19 de junio de 2017
El perfil de competencias de los profesionales que trabajan en ambientes aislados y extremos.
El perfil de
competencias de los profesionales que trabajan en ambientes aislados y
extremos.
Juan M. Fernández-Millán (UGR), Marina Fernández-Navas
(COP-Melilla), Alejandro González-Cánovas.
Introducción
«Se
buscan hombres para viaje peligroso. Sueldo escaso. Frío extremo. Largos meses
de completa oscuridad. Peligro constante. No se asegura el regreso. Honor y
reconocimiento en caso de éxito». Este es el anuncio que en 1907 publicó Ernest
Shackleton en el Times para reclutar hombres
para una expedición a la Antártida. Para el tema del que trata
este estudio, este anuncio puede considerarse uno de los primeros intentos de
selección de personal para hábitats extremos basado en “incidentes críticos”.
El presente estudio trata de establecer
el perfil de los profesionales que ejercen su labor durante un tiempo más o
menos prolongado en un entorno aislado y extremo como puede ser una base
antártica, un barco oceanográfico, una estación espacial o un submarino.
Es necesario concretar por tanto
conceptos dispares como entorno aislado/extremo, el concepto de competencia en
el que se basa el perfil, así como los aspectos que influyen en la “psicología”
del personal aislado.
El trabajo en este tipo de
entorno ha acompañado a la humanidad desde sus principios, pero, quizás, se
hace más patente con los grandes viajes exploratorios en barco o con el
comienzo de la exploración de los polos a principios de siglo XX. Con la
llegada de los vuelos espaciales comienza el interés en el perfil que deben poseer
los astronautas, si bien, en esta primera época, y debido a la corta duración
de los vuelos y al perfil de los astronautas (pilotos militares), el interés se
centró en la Right Stuff, materia
prima, (Palinkas, 2001; Santy, 1994; Wolfe, 1979).
El término “entorno extremo”, o
más específicamente el de hábitat o cápsula en entorno extremo, abarca
calificativos como el de aislado, limitado, insólito, exótico, anormal y
agotador y conlleva la idea de supervivencia en una “cápsula” –construcción
(estación, nave, habitáculo)- sin la que es imposible sobrevivir (Suedfeld y
Steel, 2000).
Para conocer cuáles son las
competencias profesionales que deben poseer los “habitantes” de los entornos
extremos, debemos atender a una serie de factores o características comunes a
estos hábitats. La bibliografía al respecto (Kanas y Manzey, 2008; Suedfeld y
Steel, 2000) ha distinguido entre factores
o estresores físicos derivados del hecho de su ubicación en zonas
peligrosas -como temperatura, aire respirable, avituallamiento ruido-, factores psicoambientales relacionados
con la restricción espacial –densidad (Fairbrother y Warn, 2003), falta de
privacidad, reclusión, confinamiento, restricción sensorial, monotonía- y factores sociales (monotonía social,
conflicto, roles, falta de comunicación con el exterior, sexo). A estos
factores habría que añadir los factores
temporales (duración, ciclos circadianos, programación, reingreso
post-misión).
Como ha apuntado Suedfeld y Steel
(2000), se produce una paradoja de personalidad ya que por un lado la idea
general que se tiene del trabajo en un entorno extremo, por definición, atraerá
a candidatos que buscan emociones, novedad, que aman el riesgo (no olvidemos el
famoso anuncio de Ernest Shackleton al que respondieron más de 5000 aspirantes),
sin embargo, estos profesionales se encontrarán con que la mayor parte del
tiempo están confinados y aburridos.
Las características de los
entornos extremos expuestas hasta aquí nos dan una idea de la necesidad de
elegir, seleccionar, a los aspirantes que puedan adaptarse mejor. Ello supone,
desde una gestión por competencias, elaborar un perfil de competencias en el
que se base la búsqueda (elección) de los profesionales más idóneos.
Como apunta García-Sáiz (2011) en
su revisión del modelo de competencias, este enfoque es una alternativa a los
enfoques tradicionales de gestión que no está exenta de polémica (Basoredo,
2011) que precisa de una definición de competencia que la diferencie de otros
conceptos (constructos) de los que huye (atributo, rasgos, personalidad,
inteligencia, valores…) y que no la reduzcan a un simple cambio de etiqueta.
En este trabajo se ha considerado
a las competencias como conductas observables y evaluables que aluden a un
“hacer” final de forma que su evaluación permite diferenciar entre niveles de
rendimiento (conceptualizado como comportamiento, contribución y no como
resultado) y catalogar al evaluado como competente o incompetente. Se
conceptualizan las competencias, siguiendo la categorización expuesta por
Basoredo (2011), como conductas específica o ventajas competitivas, es decir
como “un repertorio de conductas que alguien realiza mejor que otros… conductas
observables en el puesto de trabajo que aportan la base para diferentes
criterios de medida de desempeño” (Basoredo, 2011, p. 460). En esta definición
aparece el término “desempeño” que el citado autor identifica con lo que “las
personas hacen, que puede ser observado, y se circunscribe exclusivamente a las
acciones que son relevantes para el logro de los objetivos de la organización”
(p. 462). El desempeño hace referencia a las contribuciones del sujeto y no a
los resultados que pueden depender de factores externos a la persona.
Este trabajo presenta ciertas
diferencias respecto al proceso metodológico y los principios de elaboración de
un perfil de competencias tal como ha sido propuesto por autores como Pereda, Berrocal. y Alonso (2001).
En concreto, existen dos marcadas
diferencias. La primera es que no se ha diferenciado entre competencias
estratégicas (propuestas por los directivos) y las específicas (propuestas por
el personal que ocupa el puesto), la segunda diferencia hace referencia a la
idea de que el perfil de competencia es único para un puesto y una organización
(Basoredo, 2011; García-Sáiz, 2011; Pereda, Berrocal y Sanz, 2003). En esta
investigación se ha propuesto el perfil de competencias de distintos roles en
distintos contextos que tienen en común el trabajo en hábitats cerrados y
extremos. El hecho de que nos permitamos esta licencia es que, como apunta
Ursin (citado en Suedfeld y Steel, 2000), existe una asombrosa semejanza entre
los problemas que deben afrontar los equipos que permanecen en las regiones
polares, las estaciones espaciales, submarinas…
Por ello, se ha considerado que
no es descabellado englobar las competencias necesarias para trabajar
eficientemente en estos distintos entornos extremos bajo un mismo perfil.
Por tanto el objetivo de este
trabajo es doble, en primer lugar elaborar un perfil de competencias
profesionales comunes a los distintos sujetos que realizan su labor en entornos
extremos (aislados, insólito) y, en segundo lugar, determinar las conductas que
reflejan estas competencias.
Método
Participantes
Participaron un total 22 sujetos cuya condición para poder
participar era el haber permanecido durante algún tiempo en uno o varios
hábitat cerrado y aislado (véase tabla 1)
Tabla 1. Participantes de las
distintas entidades que han participado en el estudio
N participantes
|
hábitat
|
14
|
Base antártica
|
3
|
Mars Spanish Mission
|
2
|
Barco o Submarino
|
3
|
Varios u otros
|
Los participantes pertenecen a distintas organizaciones
gestoras de trabajos e investigaciones en hábitats extremos (Universidades,
grupos de investigación o militares).
De los 22 participantes, una amplia mayoría (80%) eran
varones. Respecto a sus edades y tiempo de estancia en los hábitats, se ofrece
un resumen en la tabla 2.
Tabla 2. Descriptivos de los
participantes (edad y estancia en hábitats aislados).
Min.
|
Max
|
Media
|
Desv
|
|
Estancia en meses
|
0,5
|
250
|
14,92
|
55,35
|
Edad
|
31
|
59
|
43,52
|
8,35
|
Procedimiento
Dado que la investigación
requería la participación de sujetos pertenecientes a muy diversas
organizaciones localizadas en distintos puntos geográficos (nacionales e
internacionales), la recogida de información se realizó a través de contactos
con los responsables de cada Organización vía correo-e en el que se adjuntaban
los cuestionarios (véase apartado instrumentos). Estos responsables elegían los
participantes más idóneos para contestar los cuestionarios y, una vez rellenos,
nos lo reenviaban.
Una
vez recopilados los datos estos pasaron a ser analizados mediante el método
propuesto por Pereda, Berrocal y Alonso (2001):
-
Obtención del porcentaje
de sujetos que ha elegido cada competencia (Relevancia, R).
-
Sumatorio de los órdenes
asignados a cada competencia para determinar su importancia (I).
-
Determinar el producto R
x I.
-
Calcular el porcentaje
que el producto RxI supone para el total (Peso) y ordenar las competencias
respecto al resultado y, atendiendo al porcentaje que explica cada competencia,
elegir las que suponen un alto porcentaje del perfil (se puede determinar
observando la diferencia que el porcentaje de una competencia tiene con la
anterior)
Instrumentos
Se han creado dos cuestionarios
ad hoc en los que se listan las competencias con una breve definición (primera
lista) y los comportamientos que reflejan dichas competencias (segunda lista)
Resultados
Una vez realizado el tratamiento
estadístico de los datos aportados por los participantes (explicados en el
apartado Procedimiento) se han obtenido los resultados que refleja la tabla.
Como puede apreciarse el 97,58% del perfil queda explicado por 9 competencias
de las que destaca la resistencia a la tensión (mantener la estabilidad emocional y el nivel de eficacia y eficiencia en situaciones de presión, oposición, desacuerdo y de dificultades o fracasos, liberando la tensión de una manera aceptable para los demás.) que explica un 24,61% del perfil y la flexibilidad
(24,31% ), entendida como la capacidad para modificar el
comportamiento adecuándolo a situaciones de cambio o ambigüedad, manteniendo la
efectividad en distintos entornos, con diferentes tareas, responsabilidades y
personas.
Otras competencias importantes
son el trabajo en equipo (trabajar abierta, amable y cooperativamente con
otras personas, facilitando el trabajo del equipo.) y la planificación (definir prioridades; establecer los planes de acción
necesarios para alcanzar los objetivos fijados ajustándose a los presupuestos;
distribuir los recursos; definir las metas intermedias y las contingencias que
puedan presentarse; establecer las oportunas medidas de control y seguimiento).
Tabla 3. Competencias seleccionadas
y pesos que tienen sobre el puesto de trabajo.
|
Respecto a los comportamientos que reflejan cada una de estas competencias y que son sobre los que se evalúa al sujeto para su selección o formación, se ha realizado un tratamiento estadístico similar al anterior que ha dado como resultado la elección de los siguientes comportamientos (Tabla 4).
Tabla 4. Comportamientos que
reflejan las 4 primeras competencias y que sirven para evaluar a los sujetos
que aspiran a formar parte del equipo que trabajará en un hábitat extremo.
FLEXIBILIDAD
|
Continuar siendo efectivo cuando
las actividades y prioridades cambian con rapidez.
|
Adaptarse fácilmente a
actividades y responsabilidades cambiantes.
|
Manejar eficaz y eficientemente
situaciones nuevas o poco habituales con un breve plazo para prepararlas.
|
RESISTENCIA A LA TENSIÓN
|
Conservar la calma en
situaciones de urgencia o presión.
|
Mantener un enfoque lógico y
controlado en situaciones problemáticas conflictivas que exigen una acción
rápida y precisa.
|
Reaccionar tranquila y
racionalmente ante los problemas o adversidades, a pesar de las tensiones.
|
TRABAJO EN EQUIPO
|
Ayudar a mantener una actitud de
equipo para solucionar los problemas.
|
Hacer un uso adecuado del buen
humor para reducir la tensión en el trabajo.
|
Acentuar la necesidad de
mantener una actitud de equipo ante los problemas.
|
PLANIFICACIÓN
|
Prever los recursos (técnicos,
humanos y económicos) necesarios para alcanzar los objetivos en los plazos
fijados.
|
Identificar y desarrollar los
métodos apropiados para la consecución de los objetivos del equipo o del
departamento y los de la empresa.
|
Distribuir las tareas dentro del
equipo o del departamento, teniendo en cuenta las cargas del trabajo y las
preferencias personales.
|
Discusión y Conclusiones
Esta investigación se ha
encontrado con numerosos problemas. Quizás el más importante haya sido la falta
de colaboración que han demostrado algunos estamentos o corporaciones. Si bien otros
(como el Ejército, la MSM, algunas facultades y otros organismos oficiales
españoles) han colaborado con interés y prontitud, algunas universidades y
centros de investigación extranjeros (de habla hispana) y empresas (las que
poseen bases petrolíferas) no han contestado a las numerosas peticiones de
colaboración.
Por otro lado creemos que en un
momento en el que se están programando futuras misiones a Marte y en el que las
bases de la Antártida cada vez son más numerosas o más pobladas, contar con
unos criterios de selección del personal que forme parte de los equipos humanos
de una u otra situación puede ser clave para permitir una convivencia y, por
tanto, llevar a su fin la misión de los programas científicos o militares.
Aunque se han aportado los
comportamientos que reflejan las competencias elegidas, éstos son muy
generales, debiéndose de adaptar a las situaciones específicas del hábitat y
del puesto específico que se quiera evaluar.
Queda pendiente realizar un
estudio más completo en el que se comparen las competencias seleccionadas
tomando como factores diferenciadores el hábitat o el carácter civil o militar
de los trabajos para determinar si existen diferencias.
Como conclusión, podemos terminar
recordando que la flexibilidad es la competencia que aparece como más necesaria
para “soportar” las duras características (físicas y psicológicas) que acompañan
al entorno de estos trabajos.
Notas y/o Agradecimientos
Nuestro agradecimiento a todas las Entidades, Organizaciones
y Profesionales que has colaborado en la contestación de los cuestionarios.
Referencias
Basoredo, C. (2011). Una perspectiva
y un modo de explicar la competencia desde el ámbito del desempeño de tareas. Anales de Psicología, 27 (2), 457-472.
Fairbrother, K. y Warn, J. (2003) Workplace
dimensions, stress and job satisfaction. Journal
of Managerial Psychology, 18 (1), 8-21. DOI 10.1108/02683940310459565
García-Sáiz, M. (2011).Una revisión constructiva de la
gestión por competencias. Anales de Psicología,27
(2), 473-497.
Kanas, N. y Manzey, D. (2008). Space Psychology
and Psychiatry. Microcosm Press and Springer, Segundo California and Dordrecht,
the Netherlands.
Palinkas, L. A.
(2001). Psychosocial issues in long-term sapace flight: overview. Gravitational and Space Biology Bulletin
14(2), 25-33. Recuperado
de http://web.mit.edu/16.459/www/Palinkas.pdf (19 de agosto de 2013)
Pereda, S., Berrocal, F. y Alonso M. A. (2001). Técnicas de
gestión de recursos humanos por competencias. Madrid: Ed.
Ramón Areces.
Pereda, S.; Berrocal, F. y Sanz,
P. (2003). Los perfiles de exigencias en la ocupación del profesional de
recursos humanos. Psicología desde el
Caribe, 12. 13-38.
Santy, P. A.
(1994). Choosing the Right Stuff: The Psychological Selection of Astronauts and
Cosmonauts. Westport, CT: Praeger Scientific.
Suedfeld, P. y Steel, G. D. (2000). The
environmental psychology of capsule habitats. Annual Review of Psychology, 51, 227-253.
Wolfe, T. (1979). The Right Stuff. New York: Farrar, Straus and Giroux.
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miércoles, 3 de mayo de 2017
Estimado hijo: Últimas pinceladas.
Hace años que editamos el libro "Estimado hijo: lo he hecho lo mejor que sabido". Pero los libros evolucionan, crecen, siempre están inacabados. Por eso, de vez en cuando, subo una nueva carta a este blog.
Estimado hijo:
A estas alturas ya no creí que volviera a escribirte una
carta para comunicarme conmigo.
De todas formas, ésta no es una carta como las que te
escribía cuando eras un adolescente, cartas llenas de miedo, frutos de la
incomunicación.
Ésta es una carta similar a las últimas pinceladas que se le
da a un cuadro casi acabado, como los últimos golpes del martillo sobre el
cincel que modela una escultura terminada.
Hoy te escribo para hacerte comprender que, lejos de lo que
opinas, yo me siento muy orgulloso de ti, de saber que, aunque te opones a todo
consejo y reniegas de toda propuesta, luego, a la hora de la verdad, eres un
trabajador incansable. Que cuando te pones a trabajar, me recuerdas a tu
abuelo: nunca se preocupaba por la hora de terminar, sino por terminar un buen
trabajo.
Lejos de lo que crees, se que, a pesar de lo difícil que
tenéis los jóvenes el futuro, no te aminoras, ni te refugias en un “NI-NI”, no
te asusta el trabajo duro manual, ni el creativo (aunque luego seas un radical
que criticas esos mismos trabajos).
Pero no debes olvidar que soy tu padre y que mi misión no es
(solamente) darte palmaditas, sino empujarte, exigirte.
Lo que quiero que entiendas es que si bien es bueno luchar
por realizar los sueños, casi siempre, hay que aceptar realidades menos ideales
para poder alcanzarlos.
¿Sabes por qué Moisés abrió las aguas del Mar Rojo ante el
asombro de los demás hebreos?, porque antes había pasado muchos años junto a
ese mar (a diferencia del resto), observándolo y sabía que, bajo ciertas
condiciones las aguas de ese mar bajaban (pleamar) y dejaban una zona del fondo
a la vista.
¿Qué por qué te cuento esto? Para que entiendas que cuando
te doy un consejo, lo hago porque yo ya he estado allí y sé cómo es el camino
y, aunque el mundo haya cambiado mucho y ya no sea, como dices, como en mis
tiempos, en lo esencial, es igual.
No me importa, no me preocupas, que ahora te opongas a todas
mis opiniones, ni a la de casi todo el mundo. Es tu papel, cuestionarlo todo,
oponerte, ser utópico, casi revolucionario. Ya llegará el tiempo de la calma,
del status quo, de comprender que no todo cambio es bueno, que además del tuyo,
hay otros puntos de vistas que también tienen razón (incluso el de tu padre).
Por ahí circula un proverbio que reza: “Cuando
un hombre reconoce que su padre tenía razón, ya tiene un hijo que piensa que su
padre está equivocado”. Así que debes saber que estás condenado a echar la
mirada atrás y darte cuenta que, cuando te corregía, lo hacía por el amor que
te tengo.
Tu padre.


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