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viernes, 20 de junio de 2014

Estimado hijo: aprendiendo lo que cuesta ganarse "una peseta"

Estimado hijo:
Supongo que ya se te habrá pasado el cabreo que cogiste cuando te advertí que no te pagaría el seguro de TU coche y que podías sacarte unas “perras” echando una mano en la empresa de mi amigo.
Después de refunfuñar y asegurarme que no tenías tiempo y que no pensabas trabajar, que “bastante hacías estudiando”, que “llevarías el coche sin seguro” (ibas subiendo el tono de voz), optaste por la mejor decisión: llamar a JuanCa y aceptar el trabajo.
Estos días te he visto compaginar exámenes finales con muchas horas de trabajo. He visto la ropa que traías de la nave/taller llena de pintura, masilla y pegamento (como un lienzo pintado o un cuadernillo en el que habías escrito tu historia). Te he visto regresar tarde, muy tarde, agotado, cenar poco y quedarte dormido. He visto tu cansancio, pero también feliz e ilusionado (aunque no lo admitas).
He escuchado como te quejabas de lo duro del trabajo, a la vez que presumías de las cosas que ibas creando. He escuchado como alababas a tus compañeros y, lo que es más importante, los he escuchado a ellos hablar de ti.
Sé que aún no comprendes por qué lo he hecho y por qué lo seguiré haciendo. Sé que aún piensas que “soy un rácano”, que te parece injusto que otros amigos tuyos sólo estudien y les paguen todos sus caprichos.
Espero que un día lo entiendas. Hace tiempo, cuando aún gozaba de ellos, les dije a mis padres que lo que más les agradecía era “lo que NO me habían regalado” y “las tardes de trabajo en el taller junto a mi padre”. Eso me ha permitido apreciar la labor de los que trabajan con sus manos y enfrentarme a muchas “chapuzas caseras” por lo que me siento feliz y orgulloso.
Sé que aún no lo entiendes, pero si te hubieses visto estos días, como te hemos visto nosotros, resolviendo problemas, ESFORZÁNDOTE, hablando con orgullo de tu trabajo, discutiéndome la mejor forma de “echar la selladora” o cómo habías pulido, soldado, pintado… te darías cuenta de cuál ha ido mi propósito.
Si me he equivocado, espero que me perdones y, si te sirve para completarte como persona, el tiempo te lo demostrará.
Ya verás como te piensas más gastarte el dinero que estás ganando y como te sientes más orgulloso de poder gastártelo.
Además, considera que estás escribiendo en tu curriculum una experiencia que, a la larga, te servirá en tu vida y en tus futuros trabajos.
Viendo los resultados, te  aseguro que no me arrepiento en absoluto de haberle pagado a la empresa tu primera nómina. La segunda te la has ganado tú.

P.D.: Tu abuelo se sentiría orgulloso de ti y, allá donde esté, seguro que en algún momento ha exclamado aquello de “con dos c…”.

2ª P.D.: El que te levantes cansado no es escusa para que te levantes cabreado… y lo pagues con nosotros.