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lunes, 1 de diciembre de 2014

Cambiemos el lenguaje para cambiar la sociedad.


El “pequeño Nicolás” ha pedido que no se le de este apelativo, que se le llame Francisco Nicolás Gómez Iglesias… y debemos hacerlo. Debemos hacerlo porque debemos tratarlo como tal, es decir, como un sujeto mayor de edad con responsabilidad de sus actos, cuyas acciones no son una travesura, sino una estafa, posiblemente argüida desde una psicopatología, a no ser que se demuestre lo contrario. Tenemos que llamarlo Francisco Nicolás y dejar de calificarlo de “listo”. Llevamos muchos años admirando a personajes similares como Dionisio Rodríguez, Mario Conde, los aprovechados de Marbella o los de tantos casos de corrupción política de los que decíamos “estos sí que saben” y lo decimos delante de nuestros hijos, de la juventud que entiende que son modelos a seguir.
Esperamos a Messi en la puerta de un juzgado, pero no para exigirle que pague lo que debe a Hacienda, es decir, a nosotros, sino para vitorearlo por su vertiente deportiva. Reconozco que Messi es un deportista de un nivel difícil de alcanzar, que es digno de elogio en el campo de fútbol, pero ”lo cortés no quita lo valiente” y fuera de ese campo la verdad es que ha intentado estar por encima de la ley. Y eso hay que hacerle ver que no estamos dispuesto a permitirlo.
Estos años también se nos ha llenado la boca criticando a los políticos corruptos (pero votándolos en las urnas) y preguntándonos cómo se había llegado a tal extremo. Pero durante estos años nadie se ha levantado y ha dicho “se ha llegado a esto por mi culpa”. Por mirar hacia otro lado, por permitir esos pequeños hurtos, por dejar que no nos hicieran facturas, porque en una democracia NOSOTROS, todos, somos más culpables que los propios estafadores/aprovechados/ninguneantes…, porque lo hemos permitido, porque nos hemos refugiado en “no es cosa mía” o “si aquí todo el que puede roba” y hemos clasificado a los delincuente de listos  y los hemos invitado a platós televisivos donde cantaban, contaban anécdotas o presentaban su libro… sin sentir ni un ápice de vergüenza.
Hemos reído la gracia y, después hemos culpado a la política o  a la justicia, de los desmanes. Pero no son los políticos los que construyen un país, es el pueblo y sólo en la medida en que esos políticos son parte del pueblo, ayudarán en esta labor.
Es el pueblo el que exigirá a los gobernantes que realicen su labor, que lo hagan eficientemente y que lo hagan honestamente, dando ejemplo.
Es el pueblo el que, ante la falta de principio, será más honrado, más responsable, sin preguntarse si los otros lo son. Es el pueblo el que pensará que sus valores, su conducta servirá para mejorar al resto. JFK dijo que al pueblo americano que no preguntara lo que su país podía hacer por ellos, sino lo que ellos podían hacer por su país. Porque realmente, no es el pueblo el que levanta una nación, eres tú.

Empecemos a llamar a las cosas por su nombre. El ladrón es eso y si a ese sustantivo le añadimos un DES-calificativo, para que, en vez de ser un modelo, sea un desprecio, mejor.