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martes, 27 de enero de 2015

ESSENTIA


ESENCIA. Aquello que constituye la naturaleza de las cosas, lo permanente e invariable de ellas.

En los intervalos de consciencia que tenía, se mezclaban el dolor difuso, punzante pero lejano, casi externo gracias al cóctel de analgésicos que le corría por las venas desde el gotero que le habían colocado cuando aún estaba en el coche aprisionado.
Sabía, por el sonido de las sirenas, que iba en una ambulancia. Tenía retazos de recuerdos de una carretera, de una pérdida de control del volante, de una parada brusca y dolorosa contra un árbol. Eran imágenes incontrolables que aparecían súbitamente e igualmente se iban.
Apenas podía abrir sus ojos. Los sanitarios que lo acompañaban se movían con rapidez por el escaso espacio de la ambulancia. Gasas, agujas, sueros, ... y sangre, mucha sangre. Absurdamente se preguntó si sería suya.
Cuando a Andrés, el cirujano plástico, lo llamaron para que acudiese urgentemente a quirófano, no se imaginaba que se encontraría con un amasijo de carne en lugar de cara producto de un choque frontal del coche del paciente. Nadie conocía a la víctima y no tenía documentación, así que la reconstrucción fue totalmente creativa. El cirujano no contaba con un modelo en el que basarse. 
Semanas después,  Cuando a Séneca Carrión (así afirmó llamarse el paciente) le retiraron las vendas y se enfrentó al espejo, preguntó: ¿Quién es esa persona? Se hizo un silencio en la habitación que nadie se atrevía a romper. El cirujano se preguntó si esa persona seguía siendo el paciente que tuvo un accidente. 
En un intento de contestarse a él mismo se dirigió a Séneca.
-Recuerde esta fecha-pidió- 27 de febrero de 2015. Es su segunda fecha de nacimiento. Se ha salvado de una muerte segura y estrena rostro. Véalo así.
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Su cuerpo se degradaba con rapidez, pero hacía tiempo que los trasplantes de cerebro eran posibles, desde que en el 2025 se consiguiera por primera vez, así que no dudó en solicitarlo. Ya hacía años que vivía con una cara que no era la suya y que, además, había envejecido. Ahora gozaría de un cuerpo y de un rostro nuevos.
-De unos 30 años- le había asegurado los cirujanos de la clínica.
La intervención fue larga, aunque sin complicaciones y, prácticamente, cuando pasó la anestesia pudo observarse. Debería permanecer en reposo hasta que las conexiones neuronales espinales consolidaran, pero le llevaron un espejo de cuerpo entero y pudo verse tendido en la cama.
Vio un cuerpo al que no reconoció. Echó de menos su antiguo rostro. Su experiencia, su memoria, chocaba con aquella musculatura, con aquella piel sin pliegues, con aquellos huesos sin dolores.
Pero lo peor fue la sensación de extrañeza, de experimentar que lo que estaba viendo no era él.

Afortunadamente 5 años antes su seguro médico, en el que tenía una póliza de “eternabilidad”, le había instalado un MEMOTRANF, un chip que trasfería su memoria a tiempo real a un superordenador central. Afortunadamente porque en su último accidente de coche, un BMW Astro del 2112 de hidrógeno concentrado, su cerebro había quedado, según uno de los sanitarios de la ambulancia “hecho puré”.
Rápidamente el centro ETERNICAL comenzó con la transferencia de datos a un HOMO de repuesto, nombre con el que se conocía popularmente a los “cuerpos”. Clones que permanecían en hibernación y en los que se volcaba el almacén de memoria de personas como Séneca que contaban con una póliza de “eternabilidad”.
La transferencia se realizó en breves minutos y comprendía todos los recuerdos del asegurado salvo los instantes traumáticos de su muerte.
Una vez terminado, los médicos/ingenieros “encendieron” el sistema biológico y el NOVO-HOMO (como se denominaba al repuesto una vez activado) abrió los ojos. Se miró al espejo, movió las manos, se levantó.
-Esplendido- exclamó- Aunque tendré que adoptarme a este rostro.

El calendario-holograma que reposaba sobre su escritorio cambió la fecha 21 de febrero de 2315.
Aún no se había sentado en su sillón cuando recibió un mensaje en el receptor incorporado en su oído interno.
-Señor, tenemos un problema- anunció la voz de uno de los empleados que mantenía la MEGAMEMORIA CENTRAL, el ordenador que contenía y actualizaba a tiempo real la memoria de los abonados a su servicio- Acabamos de recibir un aviso para la transferencia de la memoria del abonado PX-2087.
El supervisor no comprendió.
-¿Y dónde está el problema?-
El empleado carraspeó, como si le costase dejar escapar la respuesta.
- Verá, últimamente hemos detectado pérdidas de algunos fragmentos de memoria en algunas bases. Ello no tiene importancia porque se vuelven a rellenar obteniéndolos la propia de memoria del cerebro biológico del abonado…-hizo una pausa- El problema en este caso es que esta pérdida se produjo justo antes del accidente. Una explosión y no hemos podido recuperar el material perdido.
Hubo un silencio.
-Rellena-
-¿Qué?-
-Rellena con fragmentos lógicos los vacios que se hayan producido o con material de otro abonado.
-Pero…-
-Rellena-
Como de costumbre el volcado de memoria en el Homo de Repuesto tardó escasos minutos. Cuando NOVO-HOMO salió de las instalaciones de MEMOTRANF, repasó sus recuerdos con la total certeza de que correspondían a lo que le había pasado a lo largo de su vida. A pesar de que, como anteriormente no terminaba de reconocer su nuevo aspecto, de lo que no le cabía duda era de que él era la persona que “había dentro”.

El supervisor escuchó el sonido que su interfono implantado hacía como aviso de la entrada de una llamada. Mentalmente dio la orden de “descolgar” (aceptar llamada) y saludó.
-Supervisor- dijo una voz al otro lado- Soy el ministro de seguridad.
-Señor Ministro- saludó el supervisor.
- Vamos a mandar un paquete de memoria para que vuelquen en el caso MS-0183.
-Pero Señor Ministro…- Protestó.
- No hay peros, se trata de seguridad nacional.
- Si, pero se trata de introducir recuerdos que no pertenecen a ese sujeto.
- ¿Y quién le dice que los que Ud. tiene lo son?

El supervisor recordó cuando un cirujano, en el año 2015 le había reconstruido su cara y se preguntó cuándo había dejado de ser él.