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miércoles, 25 de marzo de 2015

Psicólogo y emergencias

De nuevo una tragedia, esta vez un accidente aéreo, hace poco un atentado terrorista, hace algo más un accidente de carretera. Todas estas catástrofes tienen algo en común cuando se dan como noticias en los telediarios: se nombra a los psicólogos que atienden a los afectados y/o familiares. Incluso comienzan con frases como “un equipo de psicólogos atiende…” acompañadas de imágenes en las que un psicólogo con un chaleco, acompaña y habla con una persona de semblante preocupado, triste.
Ya es impensable la gestión de una catástrofe sin la ayuda de psicólogos que, afortunadamente, suelen ser de grupos, como los GIPEC (Grupo de Intervención Psicológica en Emergencias y Catástrofe), que se preocupan de la especialización y la formación continua.
Créanme, yo empecé en este campo por casualidad y siempre cuento la anécdota de que, a pesar de mi experiencia como psicólogo clínico, en las primeras intervenciones, me faltaba tanta preparación para poder ofrecer una ayuda profesional que llegué a preguntar a mis compañeros (igualmente colapsados) qué podíamos hacer.
De eso han pasado años, pero periódicamente tengo que quejarme de que, aunque la población ya acepta e, incluso, exige nuestra ayuda; aunque los responsables “nos activan” en cuanto hay un aviso de emergencia, en los periodos de “calma”, estos mismos se olvidan de nosotros, retrasan o rechazan los convenios de colaboración/intervención que ofrecemos y que, llegado el caso, facilitarían y mejorarían nuestra tarea.
Mientras, los psicólogos de los GIPEC de toda España siguen preparándose, utilizando (que no perdiendo) parte de su tiempo libre en reuniones, prácticas, simulacros y cursos para poder ofrecer una ayuda de calidad a los posibles afectados.
A veces, parece que pedimos por caridad que nos dejen trabajar, que nos incluyan en los planes de emergencia, que nos avisen un domingo para pasar 24 horas en un simulacro, que nos llamen a media noche si se produce un accidente o un suicidio.
Parece que nos hacen un favor, que lo nuestro es vocacional y, si solicitamos que se nos remunere por nuestro trabajo, somos poco menos que psicópatas.
Eso si, cuando nos activan, siempre hay un responsable (léase político) que alude a nosotros como “nuestros psicólogos”.

Desde ayer muchos de mis compañeros están trabajando en distintas localidades de España con los familiares de los fallecidos en el accidente de avión. Pasarán probablemente entre 48 y 72 hs. en turnos,  que se resisten a abandonar, apoyando, aconsejando, asesorando, tratando, empatizando… Les quedará el buen sabor de boca de los agradecimientos que no suelen faltar por parte de los atendidos, si tienen suerte algún responsable también les dará las gracias, si tienen más suerte, un convenio (conseguido con mucho esfuerzo y como si quisiéramos aprovecharnos del mal ajeno) les permitirá cobrar por su trabajo, sino, no se quejarán y pensarán que algún día se le tratará como a cualquier otro profesional: reconociéndole económicamente su labor grata, pero dura… lo digo por experiencia.