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domingo, 7 de febrero de 2016

Psicología positiva VI: Escribe, reflexiona, aprende y sé feliz

Escribe, reflexiona, aprende y se feliz.


Tradicionalmente se piensa que escribir un diario es cosa de adolescentes. Un adulto ni necesita , ni tiene tiempo para anotar las cosas que le van sucediendo, las cosas que les preocupan, las cosas que le alegran, en definitiva, no tiene tiempo para pensar en su vida.
Sin embargo, escribir un diario tiene múltiples beneficios.
El primero de ellos es el simple hecho de darle forma a ideas que rondan por la cabeza. No la dejamos reposar para que no se nos olviden y en ese revuelo de ideas se distorsionan y no nos dejan descansar.
El simple hecho de almacenarlas en palabras escritas nos permite pasar a otra cosa y como hay que darles formas de palabras con sentido, convertimos esa nebulosa en algo definido, más concreto y manejable. El maestro del suspense y el terror, Stephen King dijo “si a un miedo no se le puede dar forma, no se le puede vencer”..

El segundo beneficio es a más largo plazo. Se trata de que el diario nos permite comparar lo que nos pasó hace tiempo con lo que nos ocurre en el presente y comparar significa contar con “una unidad de medida” para nuestros miedos, nuestros sufrimientos.
Un tercer beneficio proviene del distanciamiento. Lo que en su momento nos pareció insoportable, intolerable, malvado, … con el tiempo se relativiza, nos permite observar cómo lo superamos y lo absurdo de alguno de nuestros miedos. Nos permitirá, aunque nos parezca mentira, reírnos de nosotros mismos.
Pero para sacar el mayor partido a nuestro diario, en él debemos escribir, sobre todo, lo bueno que nos pasa a diario, anotar qué pasó y quién fue el responsable de que pasara, qué hiciste tú para que pasara y cómo te sentiste después.
Escribir un diario es como proponerte hacer deporte-ejercicio-ir al gimnasio. Al principio cuesta y buscas cualquier escusa “no tengo tiempo,… hace frío,… la ropa de deporte está en la lavadora,,,, tengo agujetas…” ¡No te lo permitas!, se disciplinado. Búscate una hora en la que puedas “coquetear” con tu cuaderno. Coge el bolígrafo, enciérrate en una habitación tranquila o siéntate en un banco del parque. Deja que el pequeño duende que ronda por tu mente te susurre de qué vas a escribir. Tacha si hace falta. No te limites a lo que ocurrió, profundiza en cómo te sentiste, piensa en el punto de vista de otros. Dale un toque gracioso. RÍETE DE TI MISMO. Y, al final anota qué has aprendido de tu reflexión.
Ahora corre a la papelería más cercana y compra un cuaderno o busca en tus cajones el Moleskine que te regalaron. Ábrelo por la primera página, pon tu nombre y anota “Hoy he hecho algo bueno que me ayudará a cambiar mi vida: he empezado un diario…