Páginas vistas en total

jueves, 6 de junio de 2013

Requisitos para hacer un buen trabajo o lo que los profesores deben enseñar y los alumnos aprender

¿Qué es necesario para hacer un buen trabajo? o ¿qué debemos enseñar hoy en día los profesores?
Con la entrada del Plan Bolonia se proponen las competencias como índices que deben guiar las estrategias educativas de los asignaturas con el fin de acercar más el mundo universitario al laboral.
Se trata de que nuestras enseñanzas no sean un fin en sí mismas, sino un medio para adquirir conocimientos y destrezas que el profesional debe utilizar en su quehacer diario.
Siguiendo este principio los contenidos y los métodos pedagógicos que utilizamos tanto en la enseñanza como en la evaluación de las mismas debe permitirnos, por un lado dotar al alumno de estas competencias y, por otro, elaborar un sistema de evaluación que nos permita discriminar si el alumno las ha adquirido o no. Si bien es verdad, que no debemos cargar las tintas en detectar al que no alcanza un nivel, sino ayudarle a que lo alcance o, como dice Manolo (un psicopedagogo famoso por sus "métodos innovadores" de enseñanza), "menos pesar al pollo y más darle grano"
Siguiendo a Pereda, Bernal y Alonso (2011) podemos diferenciar 5 tipos de competencias. La importancia de esta clasificación radica en que cada una precisará de un sistema de enseñanza/aprendizaje/evaluación propio.
La primera competencia es SABER, es decir, contar con unos conocimientos propios de la materia. Para ello, el profesor aporta un material teórico que el alumno deberá aprender y que se evaluará a través de cuestionarios (tipo test, preguntas cortas o de desarrollo). Adquirir conocimientos significa memorizar. A pesar de la "mala prensa" que esta capacidad cognitiva tiene en los medios educativos (lo contrario que en los gerontológicos), es indiscutible que lo que diferencia a un profesional de un lego en una materia es el conocimiento que se tiene de la misma. Si bien es cierto que hoy en día la memorización es menos necesaria gracias a esa "gran memoria externa" llamada internet, el ejercicio de memorizar es indispensable, primero porque sobre algún material debemos volcar nuestras destrezas (un mejor albañil no es capaz de hacer una buena mezcla si no tiene los ingredientes), en segundo lugar porque memorizar nos cambia, nos hace lo que somos y en último lugar porque desarrolla una competencia: la constancia, la perseverancia.
La segunda competencia es SABER HACER, es decir, contar con la capacidad de aplicar esos contenidos aprendidos a problemas concretos. Esta combinación de habilidad y destreza se aprende/evalúa a través de análisis de casos y de las prácticas individuales o grupales. Algunas de estas prácticas las elaborará el alumno fuera de clase, otras requerirán la asistencia a las mismas.
Una tercera competencia es el SABER ESTAR. Tanto como alumno, como como trabajador/ emprendedor, el trabajo se realiza en el seno de un grupo (empresa, organización). Ello requiere adaptarse a la cultura y las normas de estas estructuras. Esta cualidad es más intrínseca al sujeto y se adquiere en ambientes externos al académico, sin embargo, en éste podemos fomentar su  adquisición modelando y moldeando las intervenciones (el comportamiento) en el aula y en las prácticas grupales. Esta evaluación cualitativa, irá acompañada de una cuantitativa a través de la evaluación de rendimiento entre iguales de ciertas habilidades.
Llegamos a la competencia de QUERER HACER, es decir, estar motivados. Esta actitud depende, en parte , de la elección, que haya hecho el alumno, de una carrera acorde con sus intereses (Confucio dijo:  "Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida.") y, en parte, de la labor que haga el profesor de métodos para conseguir crear esa actitud. En este caso será el alumno quien aporte una evaluación de los aspectos positivos y negativos de la docencia. Esta valuación servirá al profesor de feedback, pero, a la vez, comprometerá al alumno en el funcionamiento de la clase y en su propio aprendizaje.
La última competencia es PODER HACER. Esta competencia tiene un doble sentido, el primero (externo al alumno) se refiere a contar con los medios y recursos necesarios. Más que labor del profesor, es labor de la institución educativa dotar de estos medios. La segunda acepción (interna) hace referencia a la personalidad del alumno. Este debe descubrir si su capacidad personal (aptitudes y rasgos) son acordes con las competencias que le exige el trabajo, el perfil profesional. Una orientación del profesor (sincera y valiente) no está de más.
Reunir todos estos elementos nos asegurará que en el alumno se encuentran dos elementos esenciales para realizar un trabajo eficiente en un futuro: la PROFESIONALIDAD y la VOCACIÓN. Más adelante, el alumno deberá descubrir si ha adquirido un tercer elemento: la PASIÓN que engloba el "querer saber" constante e inagotable y el "saber querer" como guía de sus actuaciones.

En resumen, el concepto de enseñanza debe ampliarse dando respuesta a todas las demandas que, posteriormente, en el mundo laboral, se le van a solicitar al trabajador. Ello supone, por un lado que reconozcamos que en el tándem de la formación la enseñanza es importante, pero que el aprendizaje (en el sentido de posición activa del alumno) es lo principal y, por otro lado el profesor debe de dejar de ser SÓLO un transmisor de conocimientos y convertirse en un "hacedor" de situaciones de aprendizajes.