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jueves, 5 de septiembre de 2013

100 millones de verdades absolutas


Cuando éramos pequeños existían verdades inamovibles, incuestionables: Los del Séptimo de Caballería eran buenos (además de llegar siempre a tiempo), los “japos” eran malos, los médicos eran sabios, los rojos masones eran… pues eso, Franco era un señor que había hecho una cruzada para salvarnos, los conquistadores españoles de las Américas eran valientes y aguerridos, lo que decía el padre iba a misa (para eso era el padre). El mundo era simple, amable.
Luego nos hicimos mayores y descubrimos que el General Custer era un exacerbado asesino de justos indios, vimos Apocalipsis Now, los rojos pasaron a ser buenos (honrados y los únicos sufridores de la Guerra Civil), pillamos a nuestros padres en contradicciones, Pizarro resultó ser un masacrador de culturas y Franco… pues eso. Ya en nuestro siglo nos convencieron de las armas de destrucción masiva que, además resultaron ser invisibles y nos convencieron de la necesidad de una guerra preventiva. Una detrás de otra. Aún andamos detrás de la posible conspiración del 11-M…
La verdad se ha relativizado, depende del medio consultado y del portavoz que la describe. Nos han engañado tanto con verdades a medias que, como dice Sabater, «La fe no es sólo, como dice el catecismo, "creer en lo que no vemos", sino sobre todo "no creer en lo que vemos"». La VERDAD ya no existe, hemos dejado la inocencia, hemos perdido la virginidad moral. El mundo se ha complicado. Con la libertad, esa libertad de la que Manuel Azaña dijo que no nos hacía felices, sino hombres, llegaron las complicaciones, porque la libertad es, sobre todo, responsabilidad y eso, como ya dedujo Fromm, asusta.
Vivimos sumergidos en ese miedo, alimentado por el bombardeo de noticias difusas en las que no nos da tiempo a profundizar. No nos fiamos de lo que dice nadie, porque hemos ido descubriendo que cada uno describía el asunto como le convenía. Y eso es caldo de cultivo para los salvamañanas, para los iluminados que te prometen liberarte de esa carga que se llama libertad a cambio de simplificarte el camino.

Frente a interpretaciones sobre el caso Bárcenas y su si/no complicidad de Rajoy, frente al caso Urdangarín y su si/no implicación de la Casa Real, ante el caso de los ERES y su si/no participación de la Junta de Andalucía, ante la capacidad de decisión de decidir si son justos los desahucios, o si los del SAT son Robin Hood o simples vándalos (pobre Robin Hood), la promesa de un mundo donde los del Séptimo de Caballería son los buenos. TENTADOR, pero preguntémonos a cambio de qué.