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lunes, 11 de enero de 2016

psicología positiva II: Limpiando la imagen

Juan M. Fernández Millán Marina Fernández Navas
30 de diciembre de 2015


Psicología Positiva 
Limpiando la imagen   


Depurando las ideas.
Espero que ya haya rellenado el folio del ejercicio anterior. Si es así, ya le ha hecho recorrer a su cerebro un camino distinto al que solía hacer. Cuando uno tiene que decidir un camino nuevo para llegar al destino, debe ir atento a qué cambios debe hacer: “Ahora en lugar de torcer a la derecha, debo seguir recto… o esta calle está cortada, ahora seguiré hasta la próxima rotonda y me desviaré…”. 
Con nuestra nueva forma de pensar debemos hacer lo mismo, ir dándole indicaciones y descartando “antiguos caminos”.
Una nueva metáfora nos servirá para comprenderlo mejor.
Todo el mundo sabe, más o menos, qué es y cómo funciona un filtro para depurar el agua: es un aparato que consta de diferentes sustancias (algodón, carbón, arena…) puestas en serie por las que se hace pasar el agua impura, contaminada, para ir limpiándola y hacerla potable.

El mago del filtro del agua.
Se cuenta que en un remoto lugar hace muchos años vivía un mago al que los habitantes de las ciudades y pueblos cercanos y lejanos acudían para curar sus males. Cierto día llamó a su puerta un hombre que había perdido un brazo trabajando en el campo. No acudía para recuperar ese miembro, sabía que era imposible, pero quería, al menos no sentir aquella amargura que no le dejaba vivir.
El mago le ordenó al labriego que subiese unas escaleras y se metiese en un extraño barril que había al final de la misma y de cuyo fondo en forma de embudo estaba cubierto de capas distintas acabando, como buen embudo en un orificio cerca del suelo.
En cuanto el agricultor pisó el barril, se convirtió en líquido, un líquido oscuro y mal oliente que empezó a filtrarse por las capas del embudo.
Primero pasó por la capa de la gravedad y una voz surgió de las paredes “Realmente es tan grave lo que te ha ocurrido?, ¿sigues teniendo otro brazo?, ¿Has perdido la vista?, ¿Han dejado de quererte tus seres queridos?, ¿Acaso ya no puedes pensar, has olvidado todo lo que sabías sobre tus cultivos?”
Pasó a la segunda capa, la de la insoportabilidad, allí una voz distinta le preguntó “¿está seguro que no podrás vivir con esta perdida?, entonces ¿qué has hecho hasta ahora aunque haya sido tristemente?, ¿No sería más indicado decir que sería mucho mejor tener los dos brazos?
En la siguiente capa, la del negativismo, una voz, algo más dulce le preguntó si todo lo que le había ocurrido había sido negativo, si no había aprendido nada de ese trágico suceso que, de todas formas, no podía cambiar.
Siguió su curso hasta hallarse en una capa más ligera, llamada de la temporalidad, en el que un cartel preguntaba si creía que aquellos pensamientos, aquella forma de ver el mundo duraría para siempre, si no creía que en el futuro algo bueno podría sacar de ello o que algo bueno podría endulzar su vida.
Finalmente, en la capa de la alternativa, un torbellino se convirtió en palabras preguntando qué pensamientos alternativos se le ocurría después de contestar a las preguntas que previamente se le habían hecho y le pidió que viese lo sucedido de una forma más realista.
No había terminado de pensar en ello cuando el depresivo hambre salió por el extremo del embudo convirtiéndose de nuevo en ser humano que, aún sin salir del asombro, se quedó mirando al mago. Éste sonrió y le puso una mano en el pecho al agricultor. 
-Espero-ordenó- quizás ya estés limpio, pero aún podemos mejorarlo.
Y vertió una cucharadita de azúcar sobre los zapatos del labriego. De forma mágica los granos se convirtieron en un pergamino encabezado por una sola frase “Y ahora ¿cómo puedo aprovechar lo sucedido?”
El hombre volvió a su aldea y dicen que desde entonces aprendió a usar su otra mano, todos los días salía a pasear con sus dos piernas y se detenía a ver amanecer con sus dos ojos. Seguía lamentando haber perdido su brazo, que tanto le había servido, pero ahora lo recordaba con melancolía, sin amargura, recordando incluso algunas veces que le había fallado. Además, como ya no podía labrar, se dedicó a una tarea que siempre le había gustado, pero para la que nunca tuvo tiempo: ayudar a los demás. Con el tiempo se dio cuenta que lo que en principio había sido un accidente fatal, finalmente le dio la oportunidad de mejorar su vida.

Supongo que ya te habrás percatado de lo que debes hacer ahora. Cógete uno de esos pensamientos que “enturbian” tu vida, métete en el barril y ve pasando por el filtro.

Nos vemos al final del embudo.